Relato de un rayado… fiel

En su mente se dibujó un viejo tocadiscos que comenzó a girar un LP de Los Bunkers. Las emociones de Fernanda entonaban la canción Y volveré, repitiéndose incesantemente en los ecos de sus sentimientos. Amor adiós, no se puede continuar. Ya la magia terminó, ahora tengo que marchar… El frío se perdió en las lágrimas fundidas de su rostro, en esa faz que se disolvía en las miles de sonrisas que adornaban la Macroplaza. Caminó y caminó con los recuerdos de lo que fue su vida a lado de Luis, de su fiel rayado que abruptamente terminó la relación.

Su tristeza se convirtió en nauseabunda cuando se mezcló con el aroma del cabrito y la machaca; su piel era incolora frente a la playera de los Tigres. El tequila y la afición enemiga encendieron su ira reprimida, misma que la hizo levantarse para salir corriendo del bar sin pagar la cuenta. Unas cuantas monedas no significaban nada cuando los tragos no sabían igual sin Luis.

Corrió desesperadamente por varias calles, perdiéndose en la incertidumbre de direcciones que no quería encontrar. Ya era tarde. Sus pasos cansados y la acera cubierta con su llanto, le indicaron que estaba frente al estadio Tecnológico: la sacra capilla que significó su enlace con el que fuera el amor de su vida. La nostalgia de los cánticos y las porras norteñas aún vivían en su cuerpo, pues su gran amado le juró fidelidad a la hora de entornar el himno rayado: aún sentía la mano de Luis debajo de su falda.

Parada frente a un coloso vacío, guardó silencio. Hacia sus adentros comenzó a insultarse, a ofenderse por haberse enamorado de esa manera. Le reprochó a Luis su engaño: la fidelidad no existe. El coraje de saber que no volvería a pisar ese estadio, de no volver a sentir la atmósfera de las tribunas en compañía de su amado la hizo gritar. Después de unos minutos de desfogue, prosiguió a cumplir el ritual prometido que la había llevado hasta ahí.

Sacó de su bolsa una playera del Monterrey con el nombre de Richard Tavarez, prenda que el ex jugador regio le obsequió a Luis cuando éste era apenas un chamaco. La colocó sobre el suelo, extendiéndola con ese miedo que se apodera de las manos de los que padecen el desamor. Bien colocada la playera, prosiguió a sacar una fotografía de Luis y la puso encima del cuello. Tardó unos instantes para realizar la última parte del rito, le dolía. Finalmente se atrevió y sacó la veladora, encendiéndola de inmediato. Susurró un “¿por qué te fuiste?” y con el rostro bañado de llanto emprendió la huída.

Ahí se quedaron la playera, la fotografía y la veladora. Fernanda no alcanzó a escuchar las palabras del muerto. “Desde donde estoy se ven mejor los partidos. Créeme”. Esa noche, mientras dormía, Fernanda se despertó asustada por escuchar al viento decir: goooool de Monterrey. Pero se tranquilizó al ver la luna llena, coloreada por la silueta de Luis con su playera de Richard Tavarez. Y el tocadiscos de su mente siguió girando… y volveré, como un ave que retorna a su nidal, verás que pronto volveré y me quedaré por esa paz que siempre siempre tú me das…

3 comentarios

  1. Zacarias sábado 31, octubre 2009 at 12:51

    Muy buena prosa Elias, y sobre todo muy buena imaginacion para descirbir una cancion que encierra todo un contenido…

    Saludos y sigan asi…escibiendo sobre un futbol que abarca acciones y momentos de la vida cotidiana, que no solo es de fin de semana…

  2. Queta sábado 31, octubre 2009 at 12:54

    Oooh!! Qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte!!!!
    Se me hizo un nudo en la garganta.
    =(

    Por cierto, fui al partido Tigres – San Luis. Espectacular la porra de Tigres!!

    • Elías Leonardo sábado 31, octubre 2009 at 19:23

      Zacarias, que bueno que te laten este tipo de relatos. A veces podrá caer en tonos dramáticos, pero son los mismos que tonos que se reflejan en la vida y en aquello que concierne al fútbol y omitimos ver. La rola es el sentimiento efímero de la chica que rinde tributo a su rayado. Un saludo

      Queta, nomás no llores. Desahógate gritando de nuevo en el estadio de Tigres (El Volcán). Ojalá no te reprochen los aficionados rayados, pues este relato es para ellos y terminas por alabar al rival. La neta: no importa; que viva el fútbol y las mujeres que continúan adentrándose en él. Un saludo

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