¿Qué sería sin ellos?

Hay momentos de la infancia que uno no quisiera recordar debido a la vergüenza, la pena o porque simplemente no tienen ninguna trascendencia en nuestro crecimiento. Un ejemplo de ello es cuando se nos obliga a participar en alguna obra teatral o simulación de una puesta en escena: desde la representación de un hecho histórico hasta un musical. Con la amenaza de reprobar una materia o de la suspensión de recreos, se nos incita a interpretar un personaje que nos desagrada. Tal es el caso de las pastorelas.

Me vino a la memoria la ocasión en la que hice el rol de un pastor, que tenía como única función aparecer de relleno, siempre a la sombra de Jesús, María y José. Ya asignado el personaje, se procede a los ensayos. Mi labor consistía en pararme encima de la cinta adhesiva que marcaba mi lugar, punto clave para el lucimiento de José. Llegada la obra, causaba nerviosismo que la vestimenta luciera y que la actuación fuera de lo mejor para sorprender al público conformado por padres y familiares desinteresados. Al final de la obra, los aplausos no se hacían esperar y uno se sentía feliz de ser reconocido por formar parte de ese éxito.

Situación similar se vive en el fútbol. Con la obtención del campeonato, las emociones de los jugadores integrantes del equipo campeón no se hacen esperar: gritan, lloran, ríen, cantan. Lo más sobresaliente en esos festejos es la aparición efusiva de aquellos jugadores que no vieron acción ni un solo minuto a lo largo de la temporada. Su participación en dicho éxito es nula, indiferente, sin embargo ellos se sienten parte fundamental de la hazaña.

¡Cómo olvidar a Adán Núñez festejando con júbilo y alegría los títulos de Toluca! Era el primero en querer alzar la copa, lucía al frente de los Diablos a la hora de dar la vuelta olímpica y no se cansaba de repetir ante los micrófonos que era lo mejor que le había pasado en la vida. Junto a él había otro muchacho feliz de ser campeón, Eduardo Lillingston. No daban crédito al jolgorio que representaba su participación indispensable para la obtención de los títulos escarlata. Frente a ellos, Cardozo, Estay y compañía son irrelevantes.

Para risa loca fue el festejo de los títulos pumas conseguidos bajo el mando de Hugo Sánchez. ¡Quién no se acuerda de las lágrimas derramadas por Hugo Sánchez Junior!, que como María Magdalena hizo del llanto la máxima manifestación de sus emociones. En verdad estaba que no creía en nadie y se regocijaba diciendo que era un sueño cumplido, que nada como formar parte de un equipo lleno de grandes jugadores y seres humanos. ¿Cuántos minutos jugó en el torneo? Vaya, hasta Agustín Delgado (también campeón con los universitarios) fue más mesurado en su festejo: sólo quería levantar la copa. ¡A quién le importaba las palabras de Hugol cuando se contó con esas estampas tan maravillosas y llenas de amor (jajajaja)!

A nivel internacional también se presentan en estas tiernas escenas. En el Boca Juniors de Bianchi figuraban Riquelme, Battaglia, Traverso, Serna, Delgado, Bermúdez; un equipo que lució en el torneo local y en la Copa Libertadores. A la hora de levantar la copa, el más contento y dichoso era Antonio Barijho, un extraño talismán xeneize.

Benditos sean esos jugadores que hacen de las finales una anécdota más allá de un triunfo estadístico. Gloriosas sean sus emociones, que nos generan un sentido del humor sin requerir del chiste. Frente a las emociones de esos jugadores, las obras de teatro en la infancia cobran un significado de ternura.

Recomendación: sea quien sea el nuevo campeón del fútbol mexicano, pongan mucha atención a los jugadores que no cesan de llorar, gritar, correr y levantar la copa. Contémplelos bien y en su memoria hagan cuentas de cuántos minutos jugaron en el torneo.

6 comentarios

  1. George (chocho) viernes 6, noviembre 2009 at 15:08

    Jaja buena nota, eso siempre sucede, porque los jugadores que están festejando, son los que siempre estuvieron dentro del campo, y los medios de comunicación solo tienen acceso a los que jugaron 10 minutos en todo el campeonato, o que ni siquiera debutaron, como bien dices, el caso del Tín Delgado, que creo que solo jugó como 2 partidos completos y los restantes, a veces, entraba de cambio y solo por 5 o 10 minutos.

    • Elías Leonardo viernes 6, noviembre 2009 at 19:13

      George, ¿a poco no son encantadores este tipo de jugadores? Es una delicia contemplar tan bellas imágenes y palabras protagonizadas por esos seres que jamás jugaron y se sienten indispensables en la obtención de un título. Vaya, son amor. Saludos

  2. ZUCARO martes 10, noviembre 2009 at 17:51

    Barijo es un hijo de puta 🙁

  3. Zacarias miércoles 11, noviembre 2009 at 20:58

    En la copa America ganada en este Año en USA, en el ultimo partido, precisamente con USA y que lo ganaron, el tal Decio Maria, hasta corria a las escalinatas con los jugadores de la Banca….que contraste…a los previos partidos de este certamen, que ni siquiera queria dar la cara por lo mal que estaban jugando en la seleccion. Tambien para ver la calidad de persona que tenemos como directivo de la FMF…que hasta recibio multa por hacerle una senal de falta de respeto a una aficionada que se encontraba en este estadio… En cambio si hubiera sido jugador, lo suspenden…

    • Elías Leonardo viernes 13, noviembre 2009 at 17:59

      Zacarias, bienvenido tu aporte y comentario. Bien describes las actuaciones de nuestros federativos, que son para dar pena ajena cuando de jolgorio se trata. Porque en caso de emergencias (cuando hay que dar la cara) son patéticos. Buen apunte: ellos también festejan y festejan cuando ni un minuto a lo largo del trayecto se aparecieron. Saludos

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