Jesús, ten piedad

Por su culpa, por su culpa, por su grande culpa. Después de una exhibición lastimera a lo largo del torneo, el América de Jesús Ramírez y Michel Bauer terminó por aventarse un sermón tristísimo, nada epistolar, en la cancha de CU. Las siguientes dos jornadas y una posible inclusión en la liguilla no bastarían ni siquiera para dar la bendición con motivo del fin ritual. Es momento de que los fieles y devotos águilas exijan respeto al sacro santo estadio Azteca y a su fe coloreada de amarillo y azul.

Es momento de que la prudencia y la dignidad tomen forma en Jesús Ramírez para que ¡por el amor de Dios! se vaya del América. Y no sólo él. La presencia de Bauer, Ordiales y gente que no comprende las dimensiones del fútbol y el americanismo han llevado al equipo a un plano decadente, atroz y deleznable. La tristeza y la apatía son el sello característico de las Águilas en los últimos torneos, por lo que extraña que aún se mantengan intactos los responsables de esa debacle.

Lo acontecido en el estadio Olímpico es para dar pena ajena. Atrás de ese engañoso marcador, 3-2, que bien podría prestarse a la expresión de un partidazo, está la plasticidad de un grupo de jugadores que no tienen ni pies ni cabeza en la cancha. Un América que no juega a nada, incapaz de ganarle a unos Pumas que en el papel parecieran jugar peor que el acérrimo rival. La realidad muestra que ganó el menos malo y que no hay pretexto que justifique la derrota americanista. No hay forma de describir la táctica y el sistema de Ramírez, pues simplemente no se juega a nada. Pareciera que la consigna es no tocar el balón, no llegar a la portería y no meter gol.

Dicen que las penas con pan son menos, así que es tiempo de que Ramírez se conserve en el pasado y multiplique sus panes con los apóstoles juveniles que ganaron el Mundial en Perú. Ya demostró que la cúpula papal representada por uno de los grandes de la Primera División le ha quedado grande hasta el momento. Sin embargo, el consejo casi cardenalicio de Coapa aún mantiene esperanzas en su doctrina. ¿Cuál?, ni ellos saben.

Por favor Jesús, ten piedad. Este América se ha desmoronado y está sepultado en sus recuerdos, en su historia. Huye, corre y mira hacia otros panoramas, deja que las Águilas experimenten por sí solas el sentido de la resurrección por lo menos con un poco de fútbol. Jesús, ten piedad y vete: ya no lastimes más a un grande y a su afición, a esos americanistas que albergan el anhelo de un verdadero mesías.

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