Tuquita y Chelón conocen a Mrs. Ratched

Después de ver la película Atrapado sin salida, Tuquita y Chelón decidieron internarse en un psiquiátrico. Con maletas en mano tocaron a la puerta de la Clínica Almas Peregrinas y fueron recibidos por el director de la institución, Locachero Balones. El médico, futbolista frustrado, les pidió que explicaran sus motivos para ser internados; a lo que de inmediato dieron sus argumentos en medio de lágrimas e insultos.

Chelón le contó del terror que le genera la existencia de un malévolo vampiro oculto en el cuerpo de un tuzo, de nombre Chuy Martain. Narró la paranoia provocada por los perversos malhumorados piteros, es decir, los árbitros. La historia provocó la ternura de Locachero Balones, que no dejaba de limpiarle las lágrimas a su nuevo paciente.

Tuquita externó que el carácter psicótico que vive en su ser proviene de su lengua. Los improperios, maldiciones y groserías que tanto le gustan decir toman forma cuando los aficionados de su equipo lo agreden. Reconoció que su devoción por la ira se debe a sus jugadores, encargados de pronunciar agresiones como el “salvamos el campeonato”. Locachero Balones no cesó de suplicarle que se abstuviera de golpearlo, que él no era el Picolinescus.

No hizo falta que Locachero Balones autorizara su ingreso. Tras ser instalados en sus habitaciones, conocieron a sus compañeros, viejos conocidos que aguantaron menos que ellos: Micky Red, Tommy Boy, Temoc White. Todos vestían con batas blancas, de esas que dejan las nalgas al descubierto, y se paseaban por las instalaciones cortando flores, jugando matatena, comiéndose colillas de cigarro o andando en triciclo.

La fiesta se terminó cuando conocieron a la perversa y maldita Mrs. Ratched, la enfermera encargada de su cuidado. Era conocida por aplicar métodos de tortura y prácticas ilegales para la recuperación de los enfermos. Gustaba de leerles la biografía de Vergaradoux, mientras ellos permanecían esposados a las tuberías. Era claro que no pasaría en alto las lágrimas de Chelón y los insultos de Tuquita.

Y vino el primer CAGAJO. Tuquita fue sometido con electroshocks para ser llevado por la fuerza a la sala de las lobotomías. Mrs. Ratched no dejaba de susurrarle “tus cagajos, tus ingaderas y tus pumas son cosa del pasado”. En el trayecto, la camilla donde era transportado fue interceptada por Micky Red, Tommy Boy, Chelón y Temoc White. Envolvieron a Mrs. Ratched en una sábana, la sellaron con cinta de aislar y la aventaron por la ventana. Felices, gozosos y festivos de su hazaña, liberaron a los otros enfermos.

Se apropiaron de las instalaciones y lograron que Locachero Balones diera su consentimiento a que fuera una nueva escuela de fútbol. Establecieron sus reglas: nada de censura, nada de federaciones, nada de malhumorados piteros, nada de multas, nada de partidos moleros, nada de Perros Bermúdez. Chelón lloraba y lloraba envuelto en su bata blanca, decía ser el Carlos Piñar de México ’70 “los cuatro goles no existen, los cuatro goles no existen”. Tuquita le mentaba la madre a los niños que cruzaban por el lugar “soy el campeón, soy el campeón”. Temoc White se bebía todo el alcohol del ’96 que estuviera a su alcance “tiburón, tiburón, tiburón a la vista”. Micky Red simulaba ser un sacerdote que confesaba a Joaquín Urrea “la culpa es de los árbitros, la culpa es de ustedes malditos”.

(Afuera Mrs. Ratched era rescatada por Chuy Martain y Vergaradoux. A cambio de una lana, le pidieron sus secretos de tortura, mismos que le fueron comunicados a Palabrio de María de todos los Santos.)

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