La misteriosa muerte de Lutz Eigendorf

La muerte de Lutz Eigendorf (Brandenburgo 1956 -1983), también llamado El Beckenbauer del Este, fue un misterio que muchos años tuvo como principal sospechoso a la Stasi, que era el Ministerio para la Seguridad del Estado, la principal organización de policía secreta e inteligencia de la República Democrática Alemana (RDA).

Acá la historia que prevalece hasta hoy…

Eigendorf jugaba en el Dynamo de Berlín en el lado Este de aquella Alemania, equipo con el que se hizo famoso y adoptó el apodo antes mencionado. En 1979, Lutz y su equipo hicieron una gira por la Alemania Federal y fue ahí donde la vida del jugador cambió de manera radical.

Esa noche, sorprendido de las comodidades y lujos que le ofrecía el hotel de cinco estrellas donde se hospedaban y aunado a las dificultades y sufrimientos que se vivían del otro lado alemán, Lutz decidió escaparse aprovechando una distracción de los agentes de la temible Stasi que los vigilaban en el autobús donde regresaban con el equipo y directivos. Comentan que el Bus hizo un pequeño stop en la ciudad de Geissen, para llevarse varios souvenirs para el otro lado del muro, y fue ahí donde Lutz decidió correr y correr sin mirar atrás. Fue la carrera más larga de su vida.

Eigendorf se estableció en la República Federal, donde fue adquirido por el FC Kaiserslautern. Sin embargo dejó del otro lado a su esposa Gabriele y su Hija Sandy y esa era la situación que más le apresuraba solucionar. Mientras trataba de recuperarlas con ayuda de su club, los hombres de la Stasi comenzaron a acosarlas con la intención de presionar al jugador y obligar su regreso al país.

Es justo acá donde el nombre de Erich Mielke cobra importancia en esta historia. Fue un activo militante del partido comunista de la RDA, también uno de los principales responsables del desarrollo del aparato policial y de inteligencia de la República Democrática Alemana, la Stasi. Asimismo, desde 1957 hasta 1989, desempeñó el cargo de presidente de la asociación deportiva Dynamo, perteneciente a la Stasi.

Mielke entendió como una humillación, para el régimen y para el Dynamo, la gambeta de vida que Lutz había cometido. Burló el régimen y además dejó al equipo. Era el principio del fin. Mielke puso a más de cincuenta agentes a controlar los movimientos de los padres del jugador en Brandenburgo, y los de su esposa Gabriele y su hijita Sandy en Berlín. Supervisaba personalmente que todos los informes llegaran a la residencia de Eigendorf, que para entonces ya se destacaba en su nuevo equipo. Mencionan incluso, que uno de los agentes que seguían de cerca los pasos de la familia de Lutz, terminó haciendo pareja con la esposa del jugador. Aún así, Eigendorf se mantuvo fuerte y no regresó.

Mielke estalló cuando en una entrevista realizada a Lutz en el Muro de Berlín, criticó el régimen comunista y el retraso del fútbol de la Alemania Oriental. Esa fue la gota que derramó el vaso y fue así que la vida de Lutz vería su final.

Poco después de las 23:00 horas del 5 de marzo de 1983, el Alfa Romeo negro de Eigendorf, de 26 años de edad, se estrelló contra un olmo en una carretera de Braunschweig. El futbolista sobrevivió tan sólo 34 horas. Eigendorf no llevaba abrochado el cinturón de seguridad y en su sangre había un índice de alcohol de 2,2. Con estas premisas se descartó cualquier otra tesis que no fuera el accidente.

Casi una década después y con Alemania ya unificada (1989), un informe del periodista Heribert Schwan, de la cadena televisiva WDR, reveló que tal accidente fue “inducido”. De acuerdo con las indagaciones periodísticas, a Lutz le secuestraron dos agentes de la Stasi que le obligaron a tomar alcohol envenenado. Después lo dejaron al volante de su coche. En el camino de vuelta, encontró en una curva un automóvil que le apuntó con sus luces para deslumbrarlo, perdió el control del coche y se estrelló contra un árbol.

En un documento secreto de la Stasi, Schwan encontró una relación de posibles variantes de muerte con venenos. En la página 22, donde se habla de los venenos y gases, se lee en la línea 14 la palabra “cegar”, seguida del nombre y apellido del futbolista. Uno de los supuestos asesinos de Eigendorf era un antiguo amigo suyo, Klaus Schlosser, que ingresó 500 marcos tras la operación.

Fueron cuatro años los que Eigendorf permaneció prófugo de la Stasi. Durante ese tiempo jugó al fútbol, que era su pasión, pero perdió a su familia y sufrió en carne viva la presión ejercida por Mielke. Aquella noche de 1979 cuando decidió fugarse, fue la noche en que confió su vida a un sueño que nuca se volvió realidad.

En 1989 la Stasi fue disuelta y Mielke encarcelado. Los archivos de esta organización descansan en la fiscalía de Berlín.

2 comentarios

  1. Edmundo S.G. jueves 3, diciembre 2009 at 11:14

    ¡Interesante! en torno al fútbol hay miles de historias sorprendentes. Sería padre saber más, ¿conoces otras?

  2. Sergio Sánchez jueves 3, diciembre 2009 at 12:24

    Edmundo S.G. Que tal, te reitero la bienvenido a ELBUENFÚTBOL*
    El fútbol no puede estar deslindado de la historia, al contrario, forma parte de ella y los relatos sorprendentes, como bien los llamas, enriquecen la historia misma de este deporte desde un entorno social y político en muchas ocasiones.

    Claro que hay más historias, seguiremos plasmándolas acá, puedes estar seguro.
    Edmundo, gracias por tu comentario y por visitar el sitio.

    Acá le seguimos.
    Chauuu.

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