Tuquita y Chelón vuelven a las andadas

En el café de siempre, Tuquita no dejaba de gritar goyas y cantar el himno universitario. Estaba que no creía en nadie, al grado de que sus mentadas de madre eran sinfonías para los meseros y comensales del lugar. Por si fuera poca su emoción, puso a bailar a todo mundo la rola de “Por más que vueles muy alto”, sintiéndose a la vez Celso Piña y Laura León. “Cagajoooo, cagajooo, cariño te quiero. Cagajooo, cagajooo, mi vida, tesoro. Mi vida cuánto te adoro…”

El jolgorio se vio interrumpido por Chelón, que entró portando una gran manta con letras horrorosamente escritas. En ella se leía perfectamente “Muera Martí. Muera Bolívar”. En un acto de auténtica rabia rompió la manta y comenzó a comerse algunos pedazos de la tela. A diferencia de otras ocasiones, éste Chelón no lloraba de sentimiento, sino de coraje. “Apaguen esa maldita música, no se burlen de las penas ajenas. Más vale que apaguéis esas voces agresivas que sólo buscan la destrucción del ser humano”, gritaba mientras se meneaba la cabeza.

Por respeto a su amigo, Tuquita apagó la rockola y se acercó a Chelón para abrazarlo. El pobre Chelón no paraba de llorar y entró en un trance casi epiléptico debido a la ira reprimida en su cuerpo. Tuquita no tuvo otra opción más que la de darle una tremenda cachetada que casi lo desmaya.

-Ya deja de llorar, cagajo. Una Libertadores no es todo, ingada madreeee. Son partidos moleros, nomás sirven para burlarse los compatriotas jijos de la….

-Amigo Tuquita, amigo mío ¡qué haría sin ti! Te juro que quería ir, te lo juro, pero ese maldito Micky Red me hizo una mala pasada. Me traicionó, el desgraciado se alió a dos sinvergüenzas. Por eso estoy muy enojado.

-No jodas, no me digas que… ¿se unió con Vergaradoux y Palabrio de María de todos los Santos? Hijo de su cologaga mague.

-Ojalá hubiera sido con ellos, pero el muy cobarde se fue a buscar a un tal Simón Bolívar y a un tal José Martí, dizque unos libertadores de América.

-Pero ellos son personajes de la historia, ya están muertos.

-Eso crees tú, sí andan más vivos que nadie. Los odio.

Al decir la palabra “odio”, Chelón elevó el nivel de su llanto, por lo que Tuquita lo abrazó más fuerte. Para calmarlo, y a petición de Tuquita (con señas), una mesera rompió una botella de tequila en la cabeza de Chelón. El efecto no fue el esperado: Chelón no se desmayó, como tampoco reflejaba alguna descalabrada. Era tanta su furia que unos extraños poros de su cabeza se abrieron y absorbieron la bebida alcohólica. El mal ya estaba hecho.

-Pongan a Celso y a la Tesorito, es hora de bailar, suplicaba Chelón entre risas.

Las personalidades se habían invertido. Entre los ecos del “Por más que vueles muy alto nunca encontrarás otro amor como yo… cariño, te quiero. Cariño, sin ti me muero. Mi vida, tesoro…”, Chelón bailaba y bailaba con quien se le pusiera enfrente. A su vez, Tuquita recogía los pedazos de la manta para tirarlos a la basura. Al ver a su amigo Chelón rompió en llanto, pues le dolía pensar que se estaba quedando loco.

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