Ludens: estadios y Don Melquiades

El gol del siglo

Maradona en el templo mexicano

Suena el teléfono, es mi hermana. Se ha tomado la molestia de llamar para avisarme que Ludens va a retransmitir un programa sobre los estadios. Para luego es tarde me pego frente al televisor. El conductor, como siempre, es Mauricio Mejía y el invitado para hablar del tema es Javier Cruz. Ojo, no confundirlo con sus homónimos dedicados a la cinefotografía y la lucha libre.

Y que me vuelven a sorprender

En primera instancia creí que el programa sería enfocado específicamente al Estadio Azteca, y si bien nos iba a Wembley, Santiago Bernabéu o Maracaná. ¡Pues no! Abarcaron la historia de inmuebles deportivos que han albergado no solamente al fútbol, sino también al béisbol y la lucha libre, templos tales como el Parque del Seguro Social (hoy Plaza Delta) y las arenas México y Coliseo. De igual manera, y afortunadamente, nos llevaron de la mano con datos históricos, arquitectónicos y culturales de esas “catedrales del juego”. Nada de estadísticas, ¡qué dicha!

Con personajes como Ignacio Matus (periodista), Mariano del Cueto (arquitecto), Aurelio González (investigador), Alejandro Rosas (historiador), Gustavo López (arquitecto), Javier Solórzano (periodista) y Raquel Tibol (crítica de arte) nos remontaron a la época gloriosa del surgimiento de “nuevos templos del fútbol”. De igual forma nos encaminaron en su contraparte: la nostalgia de los ya inexistentes a la vista, más no en la memoria. La voz en off del reportero decía: “En México se roban todo, hasta la historia”, en clara referencia al hurto de la placa que identificó al Estadio Nacional, que se ubicó en lo que ahora es la colonia Roma.

El Estadio Nacional, además de la práctica deportiva, sirvió como “el complemento del desarrollo y la educación intelectual”, tal como lo dijo Alejandro Rosas. En ese inmueble se tomaba la protesta a candidatos presidenciales, o bien servía para mítines de campaña post revolucionarios. Nadie estaba ajeno al deporte, al fútbol.

La historia más reciente nos muestra la construcción de dos estadios que son parte de nuestra identidad y que nos han llevado a sentir emociones inexplicables: CU y el Coloso de Santa Úrsula. La vibra que generan estos dos recintos comienza desde antes de llegar o entrar a ellos, sabemos que estamos a punto de vivir una experiencia inigualable, por lo que hay que sentirlo desde el hecho de saber que asistiremos a rendir un culto especial. Importantes son “los detalles de la travesía para acudir al estadio, como el olor del aceite del tranvía”, matizó Javier Cruz.

Ciudad Universitaria

Hablar de CU es hablar de lo que para muchos significa la obra arquitectónica más invaluable de la Universidad Nacional Autónoma de México, esto en palabras del arquitecto Alejandro Aguilera. ¿Ustedes saben que representa la forma del Estadio Olímpico? Uno pensaría que es un sombrero de charro, pero resulta que simula a una red de pescar como las que se utilizan en el lago de Pátzcuaro, un símbolo de lo que es el mexicano.

Su construcción permite considerarlo como uno de los “estadios más bonitos que existen”, de acuerdo a Javier Solórzano. Y otro rasgo que posee es que permite ser un estadio amigable, donde la afición puede sentir de cerca las voces del juego, el sonido de las patadas y el eco interminable del gol. Ahí es donde la afición puma, y la mexicana en general, vio crecer al que es considerado como el mejor jugador mexicano de todos los tiempos, Hugo Sánchez.

El Estadio Azteca y Don Melquiades

En lo que respecta al Estadio Azteca tuvieron a bien en enfocarse en un pequeño gran detalle. Todos sabemos la historia de los Mundiales del ’70 y ’86; las glorias de Pelé y Maradona. Todos sabemos que Arlindo Dos Santos fue el que metió el primer gol. Sin embargo, una mística especial engalana al templo: la voz y presencia de Don Melquiades Sánchez Orozco. Si dice que una obligación para cualquier futbolero mexicano es ir por lo menos una vez en la vida al Azteca. Mayor es la exigencia. Hay que hacerlo antes de que la voz causante de enchinarnos la piel a la hora de dar a conocer las alineaciones o de informar quién metió el gol se nos vaya. Ludens se atrevió a enaltecerlo y supo cómo hacerlo.

En programas deportivos, específicamente de fútbol, cada vez que se habla del Azteca nadie menciona la importancia de Don Melquiades, quien es la figura angelical y divina que lleva al éxtasis el encuentro sagrado entre el aficionado y la cancha. El mismo Sánchez Orozco cree en las fuerzas sagradas que rondan por el coloso: “baja una energía especial”; estar en el Azteca es distinto a estar en cualquier otro lugar.

El instante cumbre del programa, el breve pero sublime homenaje, llegó con la repetición del gol del siglo, convertido por Maradona a Inglaterra en 1986. Con el audio original, respetando el sonido ambiente de aquel suceso, una voz en off envolvía la hazaña del argentino: “gol anotado por Diego Armando Maradona”. Los ángeles y los dioses del templo unidos en su máximo ascenso: el gol.

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