Edgardo Fabián Prátola

Aquella madrugada fue especial: la luna permaneció envuelta en un velo de plata. Contrario a lo que se pensaría, no mató a los lobos. Por el contrario, provocó un tremendo aullido que estremeció al universo. El eco fue de tal magnitud que el satélite natural comenzó a resquebrajarse, dejando caer la sangre sobre la Tierra. Las gotas de ese líquido que hierve en nuestras venas cayeron en una playera blanca, formando el símbolo rojiblanco del Pincha. Ese día el lobo y el estudiante se unieron para encumbrar el adiós de un nuevo astro formado en el firmamento: Edgardo Fabián Prátola.

Llegó el siglo XXI con su primera década, marcada por la desaparición de la figura mítica del defensa central en el fútbol mexicano. En los noventa se vivió una época gloriosa de la posición en nuestro torneo, esa posición que se vio enaltecida por la presencia de hombres duros, aguerridos, impasables. Algunos carecían de técnica, que de nada importaba cuando existía amor y pasión por los colores de la camiseta que portaban, demostrándolo con fieras actuaciones en cada batalla, en cada juego.

En 1996 arribó a nuestro país un defensor argentino con el propósito de ser la muralla de los Panzas Verdes de León; un futbolista que procedía de un equipo desconocido para los que en ese entonces éramos chamacos y no teníamos amplio conocimiento del fútbol internacional: Estudiantes de la Plata. Aquel hombre no solamente vino a cumplir con un bagaje profesional, sino que alcanzó la distinción de ídolo en el equipo guanajuatense y un gran reconocimiento por su pundonor en el resto de la afición mexicana. Su nombre Edgardo Fabián Prátola.

De rasgos serios y una quijada dura, el Ruso se hizo notar inmediatamente en la liga. Férreo, aguerrido y siempre al cien por ciento en cada partido, Prátola era el rival que nadie quería enfrentar. Su simple figura en la cancha ya causaba miedo, tratar de pasarlo temor. Era la perfecta metáfora de un búnker. León se consolidó como un gran equipo, y parte fundamental de ese estatus se debió al fútbol del Ruso, que vino a poner orden en la defensa esmeralda.

Pasan los años y aún recuerdo un partido entre León y Puebla. No había forma para que alguien derribara al titán, ni por mucho fútbol que se poseyera. En ese encuentro el español Carlos Muñoz se traía un pique candente con el argentino, que nomás no lo dejaba respirar. Ante la desesperación e impotencia por la marca del Ruso, Muñoz cayó en la desesperación y propinó tremendo cabezazo a Prátola, fracturándole la nariz. La agresión causó un impacto más al hecho en sí mismo: era la única forma de tumbarlo.

Con los esmeraldas, Prátola consiguió un subcampeonato, justamente en la polémica final del ’97 donde Comizzo le regaló el título a Cruz Azul. La dignidad fue una gran virtud en el argentino, pues después de esa caída volvió a levantar la frente y en cada partido jugado con León se partía el alma. Muchos equipos lo pretendieron, entre ellos el América, equipo al que Prátola no le guardaba mucho respeto que digamos, y lo demostraba cada vez que los enfrentaba: rasuraba a todos.

En 1999, las cartas estaban marcadas: Prátola se enfrentaría a su destino. León lo dejó ir y regresó a su país natal para jugar con Unión de Santa Fe. Tras su partida, el equipo guanajuatense (consciente o inconscientemente) se vio disminuido, al grado de hundirse en la división de ascenso. En el fondo no pudieron superar su adiós; el estandarte de esa escuadra no tenía sucesor.

En el 2000, el Ruso volvió a la cuna, al seno donde se forjó como futbolista; el equipo de sus amores: Estudiantes de la Plata. ¿Algo presentía? Con la playera del Pincha, en 2001, se entera de que padece cáncer de colon, por lo que se retira del fútbol. Con ocho kilos menos, pide la oportunidad de regresar a las canchas para enfrentar a Gimnasia y Esgrima, el eterno y odiado rival. Su deseo le es concedido y gana el clásico 2-1. ¡Qué bella manera de retirarte!, la metáfora de su vida: amor por Estudiantes, amor por el fútbol, amor por su profesión: decir adiós haciendo lo que te gusta.

La madrugada del 27 de abril de 2002, en el Hospital Italiano de La Plata, Edgardo Fabián Prátola dijo adiós a la vida. Ese día se jugaba el Estudiantes-Independiente, partido que no se suspendió a petición del mismo Ruso, quien antes de morir solicitó a su familia que pasara lo que pasara se encargaran de que el encuentro se realizara.

El partido se disputó en medio de cánticos, porras y lágrimas de su hinchada, compañeros de equipo y rivales. Las porras de otros equipos se sumaron al homenaje en memoria de Prátola, destacándose el llanto y el aullido del archienemigo: el Lobo de Gimnasia y Esgrima de La Plata; que honraba a su distinguido enemigo mezclando su pesar con el escudo del Pincha.

Aquella madrugada fue especial: la luna permaneció envuelta en un velo de plata.

5 comentarios

  1. Gabriel miércoles 22, junio 2011 at 8:30

    Tu comentario

    El orgullo hecho jugador: Fabián Prátola.

    Descanse en paz, digno portador de esta camiseta.

    P.D. Felicidades por el artículo.

  2. Ivan lunes 25, julio 2011 at 14:56

    Muy buen articulo. Aun recuerdo a Pratola jugando con el Leon, excelente defensa. Aunque soiy de San Luis yo admiraba a Pratola. Tambien me recuerda un poco a otro argentino que jugo con San Luis Y Zacatepec se llamaba Christian Trapasso. Me habian contado que tambien fallecio. No se si sepas algo de este jugador era mediocampista de esos que tenian gran tecnica. Saludos !

    • Elías Leonardo lunes 25, julio 2011 at 18:01

      Ivan, Prátola era un patrón en la defensa de León. Sobre Trapasso, efectivamente jugó en México y falleció muy chavo, a los 30 años, por un paro cardiaco. Se le recuerda más por su paso en Toros Neza y Pachuca, donde falló el penal del ascenso contra Celaya en el 94. Un abrazo

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