¿Y qué?

No me importa decir quien soy: una puta. Sí, así con el tono agresivo que implica la palabra. Estoy consciente de que mi cuerpo tiene precio y mi vida está comprada por una cantidad de hombres que ni siquiera saben mi nombre. Tendrá valor hasta que las arrugas o alguna enfermedad me impidan moverme. No me lastima saber que la vagina o el culo sean considerados meros objetos de una noche, de una venida. Bien me lo decía mi madre: “si vas a ser güila abre bien las patas y jamás te arrepientas. Sé una güila en todo el sentido de la palabra”. Mamá no sabe qué tan importantes fueron sus palabras.
Se han de preguntar por qué acepto sin remordimiento mi propia decadencia. Les diré cuál es el motivo. Sin ningún interés de causarles lástima o ternura, o de cualquier sentimiento que los lleve a justificar a la puta, les contaré por qué sigo dándole duro al talón y quién es el causante de llevarse toda la lana que gano. Si de algo estoy orgullosa es de que todos mis ingresos sean para él. Soy puta ¿y qué?
Hace seis años que casi toda mi familia falleció en un accidente automovilístico, y digo casi porque el único sobreviviente fue Richi, mi sobrino, hijo de mi única hermana. Tíos, primos y otros familiares decidieron tirarme al olvido, pues mi vida les resultaba un atentado contra su moral. Pobrecitos, allá ellos. Bueno, les decía que milagrosamente Richi sigue vivo: quedó sepultado bajo el carro y el único daño que sufrió fue una fractura en su pierna. Entonces él tenía dos años.
No tuve necesidad de pelear su custodia con nadie, me lo robé. Me lo traje conmigo y él cree firmemente que soy su madre, del accidente no recuerda nada: estaba muy chiquito. Me he hecho cargo de que no le falte nada y todo lo que necesite su crecimiento lo pago. Pagué la operación de su pierna, le he pagado las mejores escuelas, así como le he comprado todos los juguetes que desea y lo llevo a todas partes.
Actualmente su sueño es ser futbolista, quiere ser portero. No sé cómo ni quién le ha enseñado sobre fútbol, pues a mi no me gusta y tampoco lo ve en la casa. Su ídolo es Hernán Cristante, por ende le va al Toluca. Lo he llevado al estadio en varias ocasiones y se divierte como nadie. Aunque debo decirles que hay momentos en los que me parte el corazón, por ejemplo cuando Cristante recibe un gol. “Mamá, le hicieron otro. Él es invencible, no pueden hacérselo”, me dice entre lágrimas cada vez que le meten gol a su ídolo.
Los aficionados o integrantes de la Perra Brava me resultan agradables y no tan patéticos como los tipos que jadean por penetrarme inmediatamente. Me respetan mucho, se percatan de que soy una madre soltera que lleva a su pequeño hijo al estadio. Espero que así sigan las cosas: que convivan con una mujer que no sabe nada de fútbol y no con la puta. Aunque viéndolo bien ¿y qué?
Inscribí a Richi en un torneo de la colonia y quiere que le compre todo original: guantes, tacos, uniforme. Por si fuera poco, me suplica para que todas esas cosas lleven estampado el nombre de Hernán Cristante. El niño no lo sabe, pero he preguntado por los precios para meterlo en las fuerzas básicas del Toluca: quiero que sea el mejor. Después de saber cuánto cuesta su sueño, he aumentado mi agenda de clientes y replantear mis ofertas.
Les escribo esto de rápido porque Richi y yo tenemos una cita. Antes de ir a ella pasaremos a comprar su uniforme completo del Toluca y después vamos ir a los entrenamientos del equipo. Es que no les he contado algo, pero aquí les va. Un día me encontraba comprando ropa en un centro comercial y de repente vi a lo lejos a Hernán Cristante. Me acerqué a él y para mi sorpresa él fue el que me saludó primero: “señora, ¿cómo está?”. Desconcertada, le pregunté de dónde me conocía. “Es usted la mamá del Richi, imposible olvidarse del chamaco. Es el único que lleva su pancarta de apoyo hacia mi”. ¡Guau!, jamás me he percatado de que mi niño lleve una pancarta para apoyar a su ídolo, siempre pensé que solamente decía “vamos Diablos”. Cabe decirles que la pancarta a la que se refiere Cristante decía “Hernán, eres mi ídolo”.
En fin. Les digo que llevamos prisa porque Cristante me (nos) citó para firmarle su uniforme a Richi. Mi niño no lo sabe, es un regalo para él. Mi niño no lo sabe, pero agradezco a la vida que exista Cristante. Mi niño no lo sabe, soy una puta ¿y qué?










































Orale Elías buena nota!!
me impresiona la actitud de la madre y la de Cristante que noto el apoyo del niño!
Solo me queda una duda… como te enteraste tú de todo esto?
Saludos
Pariel, es una ficción. Mi mente divaga en otras dimensiones. Un saludo
Conjunto a tu talento de escritor…Que buena mota tienes brother, yo tambien quiero
Muy buena lectura… Hay que dejar de juzgar tanto a las personas por todo y por nada.
Orale de nuevo Elías!!
un gusto leer tus notas!
Pd. como dice Hector… yo tambien quiero! XD
Saludos
Impresionante señor LEONARDO!!!!, estoy realmente conmovido por tu relato-Ficción , me provocaste “flask-backs”, toque base con momentos de suma felicidad en donde nada importaba más que DIVERTIRME…MI NIÑEZ!!
¿Y que?!!!!!!!
Son “flash backs”…
saludos!!
Héctor, Pariel, gracias por los comentarios. Lamento decepcionarlos con el bacanal, pues lo único que fumo es tabaco y a veces los sermones de mi abuela. Un abrazo
Luis, que bueno que sirvió para que recordaras con gusto tu época de chamaco. Un abrazo
Excelente, Elías. Realmente está muy buena tu narración. Sólo una cosa, el “por ende” (le va al Toluca) no me parece una frase utilizada al tipo de puta que te refieres. Dije me parece, no sé realmente. Felicidades, bien definida y caracterizada la historia y los personajes.
Queta, bienvenida sea la percepción. Es probable que tengas razón, pero recuerda que no por ser puta no sepa hablar. Gracias por el comentario. Un abrazo