Los que hacen la diferencia

Elías Leonardo
Por Elías Leonardo
Jueves 11, Marzo 2010

La cualidad de un jugador marca la diferencia en un equipo. Esta percepción no menosprecia la labor de los demás integrantes: todos corren, sudan, se parten el alma. Sin embargo, dicho esfuerzo en ocasiones no es suficiente para conseguir el objetivo primordial: ganar. Las circunstancias, y necesidades, también juegan su parte para abrir una rendija por la que se cuelan los futbolistas que cuentan con un talento especial para romper esquemas.

La disciplina y el trabajo que desarrollan los futbolistas que son profesionales es un elemento básico y obligatorio que deben poseer. Sabedores de sus capacidades, intentan encontrar un mayor nivel óptimo pese a las deficiencias que les ofrecen sus aptitudes. En cambio, hay otros que cuentan con un rasgo característico que los hace diferentes, más no ajenos a los demás. Son aquellos futbolistas que tienen la dicha de tener cualidades.

En ocasiones las cualidades se desprenden del saber aprovechar los defectos, otras veces solamente se pulen. Un ejemplo es la adversidad. Un hombre que proviene de barrio, sin educación, albergado en la “pobreza”, podríamos vislumbrar que se convertirá en un delincuente, en un paria. No obstante, ese hombre puede ser poseedor de un fútbol al que hay que explotar e incentivar su desenvolvimiento. Un caso es Cuauhtémoc Blanco.

Recientemente dialogaba con otro pambolero y me decía que no era posible que en México se debutaran chavos que ni siquiera saben parar el balón. Argumentó que después de entrenar 10 años o más ─pues desde chicos son inscritos en equipos, clubes o academias de fútbol─ no lo sepan hacer. Una de sus objeciones era que muchos de ellos provienen de condiciones económicas estables, que no saben lo que es aferrarse a un sueño. “Un chico que viene de la jodidez tiene que hacer un doble esfuerzo: aguantar que nadie te estimule y crearte expectativas con la misión de cumplirlas; pero antes tiene que ubicarse como un superviviente: superar todas las trabas, comenzando por su propia mentalidad de acorde a su entorno”.

El talento no está peleado con la posición económica, sino con la asimilación de aceptarlo cuando lo tienes; vencer el miedo. Cito a Cuauhtémoc Blanco porque es el ejemplo inmediato más conocido que tenemos en México y aún está vigente en las canchas. Un tipo que de origen enfrenta la primera discrepancia: ser de Tepito. Para algunos, el Barrio bravo es considerado cuna de vandalismo, delincuencia y miseria. Para otros es el arropo de una comunidad por los suyos, cantera de grandes deportistas y de una población llena de matices culturales.

Aceptar tu condición de vida no es fácil, como tampoco lo es asimilar las burlas hacia tu físico. Reconocer quién eres físicamente implica un reto para aquellas personas que carecen de autoestima y que nadie se acerca para hacerles ver que como son están perfectos. La pasión por el balón, y la ingenuidad que genera el hacerlo tu compañero, propicia que los defectos físicos sean un aliciente para estimularte. A Blanco se le ha tratado de denigrar diciéndole “feo”, “jorobado”, “mal hecho”, pero en un plano metafórico esas burlas lo han llevado a perfeccionar su juego y un rol de indispensable. Juega bonito, carga al equipo y hace más de lo que debe.

Cuauhtémoc ha demostrado no sólo no temer a las adversidades, sino disfrutarlas: reírse de ellas. Recordemos la fractura que orilló su declive durante un momento, pero se levantó y aunque ya no jugaría en Europa fue el artífice para ir a Corea-Japón 2002, propició el liderato general del Veracruz, consiguió un título con América y le dio vida a la MLS. Además, es el único que no se achica cuando la Selección tiene que disputar partidos eliminatorios en ambientes sumamente densos, como lo son Honduras y El Salvador.

Así como él, seguro hay más. Es aquí cuando se agradece que haya jugadores que anhelan debutar para ganar dinero, sin importarles pasar de un equipo a otro, incluso calentando la banca. ¿Por qué? Porque detrás de esa puerta de vanidades hay un individuo que quiere divertirse en la cancha, que aún sueña con ser el mejor futbolista y que hace de la adversidad o los defectos la cualidad que marcará la diferencia en un equipo.


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