Partido gris: Pumas y Chivas olvidaron colorear el juego

Emiliano Castro Sáenz
Por Emiliano Castro Sáenz
Sábado 13, Marzo 2010

La igualada a ceros de hoy en la noche entre rojiblancos y auriazules recordó lo que sucedió el semestre pasado, cuando el 27 de septiembre Pumas y Chivas protagonizaron un deslucido empate a un gol. Lo curioso es que ambas escuadras ejemplificaban perfectamente lo que les ocurría en ese momento.

Guadalajara tenía a Américo Scatolaro en el banquillo y a Raúl Arias viendo el juego desde la tribuna; estaban en el lugar 15 de la tabla general y su fútbol simplemente estaba sepultado, fueron tan grises como el uniforme que portaron aquél día en CU. La Universidad no era diferente: 16° de la liga, no jugaba a prácticamente a nada y Ferreti refunfuñaba el mal funcionamiento. Para los dos equipos, el rumor acerca de que la guillotina rondaba cerca de sus dt’s era bastante fuerte.

Supuestamente el juego de hoy estaba llamado a ser espectacular, abierto, explosivo. Supuestamente los Pumas querían terminar con la jefatura chiva de 28 años invictos en el Jalisco. Supuestamente las Chivas iban a demostrar que lo de Jaguares había sido un espejismo y se querrían sacar la espinita.

Pero no. Si alguno de los aficionados que por poco ocuparon el total de las 56, 713 butacas del coloso de la Calzada Independencia, fue un logro. De verdad fue un espectáculo humillante: partido trabado, escuadras timoratas, jueces dudosos, técnicos precavidos, jugadores distraídos.

Lo único que sí cumplió, fue el revuelo mediático que se generó durante la semana. Estadio lleno, primer lugar de rating, expectativa a flor de piel. El problema es que a los 15 minutos la gente se había dado cuenta de que tanto tapatíos como universitarios nada más habían prendido el boiler, pero no se habían metido a bañar. Nunca lo hicieron y el agua se desperdició “a lo buey”.

Lo más interesante de los 90 minutos, fue saber que el 80% -según el Sheriff- del conjunto local estaba agripado. ¡Qué quemón! Si la afirmación de Quirarte es correcta, se deberían tomar cartas en el asunto. Cualquier institución, si presenta un cuadro de enfermos superior a un 30% está atravesando por una crisis seria. Ahora bien, que en un club profesional de fútbol ocho de cada diez tengan gripe… ¡sí tendría precio!

Los plumines se quedaron en los vestidores. Pumas y Chivas no pudieron colorear el partido y las protestas y chiflidos que acompañaron el silbatazo final, ejemplificaron de manera implacable la decepción de un cotejo para el olvido.


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