La imagen del Papito

La imagen del PapitoNo conocí al abuelo pero tengo una imagen muy clara de él, que recurrentemente llega a mis pensamientos. Por lo que me han contado y he podido reconstruir en la mente, fue un tipo justo, estricto, con un don para el comercio; fue un señor de mediados de siglo que aprendió a adaptarse a un mundo diferente al que provenía. Un padre amoroso, que a veces demostraba ciertas reservas para expresar sus sentimientos y, además, un ser extremadamente sabio.

Murió un mes antes de mi primer cumpleaños. Me da nostalgia a pesar de no haberlo conocido, de no recordar la foto que me mostraron y en la que aparezco en sus brazos. Me da tristeza no poder recordar una voz de la que no tengo registro. Me da curiosidad saber a qué olía el abuelo, si a lima o a tabaco o a loción. No conocí al abuelo pero tengo una imagen muy clara de él, que recurrentemente llega a mis pensamientos.

Un día una prima, en uno de los aniversarios luctuosos del Papito –así lo llamamos en la familia-, se me acercó y me contó sobre él. Lo recordaba sentado en su sillón preferido frente al televisor. Ella jugaba muñecas a su lado. Entonces se dio cuenta de que transmitían un partido de futbol y la recepción de la señal era pésima: de entre las líneas grises se veían personas trotando y pateando una pelota borrosa.

-¿Mire Papito y quiénes juegan?

-Ah, pues mirá mija, estamos viendo la liga española. Betis le gana a Valladolid, por suerte.

Mi prima recordó entonces que El Papito siempre estaba pendiente del futbol, sobre todo el español y los juegos béticos, y pasaba largas jornadas viendo o leyendo lo que se encontrara. Se acordó de la pasión que le provocaba el Betis. Cada vez que los veía jugar, que veía los colores verdiblancos y veía el estadio Manuel Ruiz de Lopera, se sentía de nuevo en casa, de nuevo libre, de nuevo niño…

Así reconocí al abuelo. Tengo una imagen muy clara de él, que recurrentemente llega a mis pensamientos. El Papito está frente al televisor, sentado en ese sillón que tanto le gusta, verde caqui y reclinable, en el que sólo los nietos premiados pueden sentarse con él. Tiene uno de los primeros controles remoto de la televisión y la señal viene y va. Yo estoy a su lado y veo el juego a través de sus ojos. Nos reímos, nos abrazamos. Entonces despierto y lo siento a mi lado.

4 comentarios

  1. Alesi Nájera jueves 1, abril 2010 at 11:54

    Buenisimo, felicidades.

  2. Isaura L. jueves 1, abril 2010 at 16:23

    Muy bonito, Emiliano!!

  3. ZUCARO jueves 1, abril 2010 at 16:37

    QUE BUEN RECUERDO

  4. Emiliano Castro Sáenz jueves 1, abril 2010 at 22:48

    Alesi Nájera, Isaura, ZUCARO; muchas gracias a ustedes por sus palabras. Nos vemos y a darle vuelo a la imaginación, los recuerdos, las historias. A aprovechar la tinta del tintero.
    Saludos!

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