Rivalidad del fútbol en su máxima expresión

Tiempos de definición. Faltan ocho partidos y La Liga está calientita. El fin de semana se viene el Clásico, el partido más visto alrededor del mundo, el encuentro que a juzgar por lo que los implicados han logrado hasta el momento será determinante para la obtención del título 79 de la Primera División de España.

Real Madrid es el líder con la misma cantidad de puntos que el Barcelona. Ambos tienen 77 unidades, pero la diferencia de goles favorece a los Merengues por un tanto; juntos han despedazado el fútbol español con grandes actuaciones. Por un lado, el Madrid se jacta de ser un equipo con garra, explosión y división del juego –nadie sabe a quién cubrir por su gran baraja de individualidades-. Por el otro, el Barça le ha demostrado al mundo que el buen fútbol en equipo se pinta de blaugrana; además presume y ostenta entre sus filas al mejor jugador de la época: Lionel Messi.

Más allá de si el resultado resulta a favor o en contra de madridistas o catalanes, está en juego una edición más de la rivalidad entre los polos opuestos de la historia del fútbol. Desde la construcción de una ideología, una vida, un ser humano a través de sus colores, hasta el odio recalcitrante que entre los protagonistas –afición, directiva, y aunque en menor tesón, jugadores- se ha implementado por default. La edición 208 del Derbi español, que se jugará en el Santiago Bernabéu, tendrá todo a favor para que deleite al público ávido de fútbol en su totalidad y máxima expresión.

Miles han sido las impresiones que han dejado los enfrentamientos entre culés y merengues. Destellos de diferentes personalidades que transcurrieron en la historia de los equipos y que han heredado cualidades particulares al presente de ambas instituciones.

Los orígenes de esta rivalidad se remontan a los años en que comenzaba la profesionalización del fútbol español. Menos de una década tenía de fundada oficialmente La Liga, cuando estalló la Guerra Civil entre franquistas y republicanos. Entonces, los colores de los clubes se alinearon a las ideas que representaban a los bandos opuestos de la lucha social. El general Francisco Franco simpatizaba con el Real Madrid, mientras que el Barcelona sentía suyos los deseos libertadores por los cuales peleaban los rebeldes y se constituyó como bandera del movimiento Republicano.

Ahí empezó a crecer el odio mutuo.

En cuanto al fútbol, el pique entre blaugranas y blancos se recrudeció en la década de los 50. Cinco campeonatos ganó el Madrid y cuatro el Barça, deleitando al fútbol mundial con sus dos más grandes figuras: Alfredo Di Stéfano y Ladislau Kubala. Durante esos diez años, el Real Madrid de Gento, Zárraga, Marquitos, Santamaría, Puskas y compañía, fue imbatible en casa; situación que no pudo establecer el Barcelona de Segarra, Suárez, Olivella, De Macedo, Kocsis y demás, que cayó en tres ocasiones en el Camp Nou.

Pero más allá de las grandes y emotivas actuaciones en sus encuentros, el punto clave de la competencia enardecida de los dos clubes más influyentes en España, tiene nombre y apellido: Alfredo Di Stéfano.

Hagi vistió las dos casacasEl Barça había descubierto un jugador con grandes cualidades que militaba en el club Millonarios de Colombia. Había jugado antes en Argentina con River –donde debutó- y Huracán. Tras haber llegado a un acuerdo con el jugador y pagado por sus derechos a River, quien era el “dueño” de La Saeta Rubia, el poderoso Real Madrid interfirió en el traspaso. Pagó al Millonarios colombiano, donde Di Stéfano estaba cedido y logró, con la ayuda de la Federación Española de Fútbol, se atrasara el caso hasta el cierre de fichajes. La decisión final del juzgado fue increíble… el hoy Presidente Honorario merengue debía alternar cada año con las camisetas de los clubes que hicieron el gasto económico. Barcelona declinó la contienda por los servicios de quien resultaría como el mejor jugador en la historia madridista.

A lo largo del tiempo, los dos conjuntos han luchado por quitarse a determinada estrella del balón. Desde Zamora, Macedo, Luis Enrique, Laudrup, Ronaldo, Saviola, Eto’o, Figo, Hagi, Schuster –todos fichajes concretados que jugaron con las dos instituciones-, hasta los que acabaron en determinado equipo tras la lucha palmo a palmo de billetes: Beckham, Ibrahimovic, Ronaldinho, Henry, Benzema, Robinho, Van Nistelrooy y muchos más.

Son contrapartes por excelencia. Desprecio del uno a otro que le da vida y color al deporte más hermoso del mundo. La pasión fundamentada en ideales, valores e historia que el próximo sábado verá una de las representaciones más emocionantes de los últimos años. Messi es el mejor exponente, estrella y figura de este tiempo; Higuaín representa la garra y tesón del madridismo neto; Xavi es un cerebro que canaliza en el campo las decisiones estratégicas de su dt, sin comparación; Xabi Alonso crea y contiene a la perfección; Ronaldo ansía rendirle tributo a su afición; Ibrahimovic es un peligro constante que comulga a la perfección con La Pulga.

Sólo queda la espera. Las últimas horas siempre son las más difíciles, pero las más ricas en recuerdos, expectativa y sueños para Barcelona y Real Madrid. Sus dioses andan sueltos, es momento de disfrutar.

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