La cárcel naranja

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?v=XYr0PqE4O2E[/pro-player]Ahí están ellos, festejando la hazaña en la parte media del estadio. De aquí a 2014 (y muchos años más) todos hablarán de su victoria. Pero abajo están los otros, esos otros con sus rostros tristes, desencajados, enojados; la imagen viva de la frustración. Vestidos con su clásico uniforme naranja, contemplan la premiación del equipo ganador mientras que la estela de su cárcel, el pasado, les vuelve a negar la libertad. Sí, esa libertad que estuvieron a punto de conseguir en dos ocasiones, y a la que ahora se suma una tercera.

La habían casi logrado gracias al fútbol que desempeñaron en las canchas frías y serias de Alemania, en las canchas soberbias y manchadas de dictadura en Argentina. Al final se quedaron encerrados en sus propios barrotes, en una prisión carente de dolor y de ascendencias trágicas. ¿Cómo aspirar a ser libre cuando no tienes nociones de lo que significa la represión de la tristeza? Esos otros de uniforme naranja nacieron libres y lo demostraron en la cancha; hubo que crear un trago amargo para en un futuro alcanzar la libertad total.

Y el futuro los alcanzó. Sin embargo, y paradójicamente, se enfrentaron a otro equipo que jugó como si hubiera nacido libre. Pero no. El rival español también cuenta con el arraigo de una historia dolorosa, la página negra del franquismo. Pequeño gran detalle que se les olvidó a esos otros. Los otros de uniforme naranja transformaron sus sueños de fuga en una cárcel verdadera: se olvidaron de la libertad lograda con el balón y literalmente asumieron el rol de presos, creyendo que así cruzarían la puerta que les permitiría respirar el aire de la grandeza; su libertad.

El pasado alegre y nostálgico de su fútbol quedó enterrado en una prisión ahora inexistente. En contraste, conformaron un presente envuelto en cuatro paredes donde la brusquedad del balón rebota con otra herida: la traición a sus convicciones; pena que ha sido juzgada con cadena perpetua, la eterna derrota.

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