Richard Tavares

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?v=WNz9KRlaRZs[/pro-player]Hablar de Richard Tavares no sólo es recordar a un jugador al que hinchas argentinos le apodaron “el suavecito”, no, es darle un honroso lugar en la memoria de los pubertos e insulsos aficionados pamboleros que vivimos la década de los noventa como una apoteosis de la etapa más surrealista que ha vivido nuestro fútbol; apoteosis que duró hasta que llegaron los torneos cortos.

Allá por los años del 91 hasta el 94, Tavares jugó para el Monterrey, dándose a querer de inmediato entre la afición norteña por el look bee gee que lo distinguía. En esa época de los “blanditos” nacionales como Ruiz Esparza, Aurelio Rivera, Octavio Becerril, entre otros, arribó al país este extranjero, y defensa central, que no tardó en acoplarse a ese ritmo de hacha, corte y queda.

Para bien del deleite en la memoria futbolística hay que ubicarlo como integrante de un Monterrey que jugaba a todo, menos a la indiferencia del resultado. Como podían plantarse en el Azteca para recibir seis o siete goles del América o el Necaxa, ganaban en el Tecnológico con marcadores de cuatro o cinco goles a los Tecos por ejemplo. Esa plantilla estaba conformada por Sergio Verdirame, Tato Noriega, Rubén Ruiz Díaz y el inolvidable portero de la gorra que se comió los goles que quiso, Tirso Carpizo. Claro, entre otros más.

Pero no todo es tan gacho en el paso de Tavares por tierras norteñas, pues fue pieza clave en el subcampeonato rayado en la 92-93 contra el Atlante. Desafortunada, y afortunadamente, Tavares partió de Nuevo León siendo un ídolo para enrolarse al Puebla en el 95 y al Veracruz en el 97 y 98. Así culminó la trayectoria futbolística de “el Buki” en canchas aztecas.

Desconozco los lugares de origen de cada aficionado, pero mientras que en algunas canchas llaneras se peleaban los chamacos por ser Jorge Campos, Zague, Carlos Hermosillo o Kalusha, algunos se disputaban con coraje ser el portador del nombre Richard Tavares, emulándolo con barba y cabellera postiza; fieles a su juego cortábamos leña de pierna.

*Nomás como dato anecdótico, referir que jugó para Boca Juniors de 1987 a 1989. Por si las dudas, debutó en Racing y también jugó para Quilmes, All Boys y Deportivo Italiano, en Argentina.

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5 comentarios

  1. James domingo 18, julio 2010 at 22:21

    Fuerte, pero nunca malintencionado como muchos otros….. Se le recuerda por las ganas, excelente ejemplo de partirsela por el equipo…

    Bien por la nota

  2. Sergio Sánchez lunes 19, julio 2010 at 0:11

    Inolvidable aquella época y qué clase de jugadores, de verdad cn garra como Tavares, uruguayo clásico, duro, fuerte, entrón, inolvidable.

    Por cierto, la narración de Roberto Hernández Jr….sensacional, emocionante, todo era más pasional por aquellos años!!!!

    Saludos Elías!!!!

  3. Francisco lunes 19, julio 2010 at 0:35

    El Monterrey era un equipazo. Nunca entendí por qué Roberto Hernández dejó de narrar. Era muy bueno. Ojalá regresen los torneos largos.

    • Elías Leonardo lunes 19, julio 2010 at 14:17

      Francisco, que ondón. Más que un equipazo, era un protagonista pintoresco, entrañable. En cuanto a las narraciones de Hernández, también los torneos cortos vinieron a sepultar el cronismo y narración futbolera. Por ende, había que recordar a Tavares. Un saludo

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