Tan fácil que es, pero no

A mi padre le queda poco tiempo de vida. El doctor nos ha dicho que todo es cuestión de horas, sólo hay que esperar el paro cardiaco. Mamá está desconsolada y es algo difícil de asimilar. Desde que nos abandonó, hace ya 15 años, se dedicó a odiarlo. Y yo también. No había día en que no le deseara la muerte. Ahora, el sentimiento es distinto: aún lo amamos.

No me atrevo a decírselo. Algo me limita, me impone. Es inexplicable compartirles bien a bien lo que siento. Podrían pensar que se trata de pena o lástima, sin embargo no es así. Verlo postrado en esta cama y en estado de coma, con una atmósfera silenciosa aterradora, me lleva a recordar algunos pasajes de mi vida donde él me hizo feliz…y hasta hoy lo sé.

Cuando nos dijo que se marchaba porque amaba a otra mujer, nuestro mundo (el de mamá y el mío) se vino abajo. Nunca estuvo conmigo en las graduaciones escolares y en mis cumpleaños apenas y me llamaba para felicitarme, siempre decía que estaba muy ocupado. Tampoco me visitó en el hospital cuando me rompí la pierna. En verdad lo odié.

¿Por qué tenemos que esperar la muerte para confrontar a la memoria y redimir el rencor? ¿Por qué la muerte nos descubre y confronta a la verdad? No todo fue tan malo con él. Desde chico he jugado fútbol. Más que verlo me fascina jugarlo. Pisar una cancha, sea cual sea, me hace sentir libre, valioso. En el llano, cada vez que el equipo no tenía dinero para uniformes o arbitraje, aparecía un alma de Dios piadosa y bondadosa que ponía el dinero. El entrenador nunca nos decía quién. Esa alma era mi padre.

Su esposa, la mujer por la que nos abandonó, me visitó el otro día en mi casa. Avisándome que mi padre estaba muriéndose, me entregó una caja y dijo que antes de juzgarlo y condenarlo al olvido revisara el contenido. Así lo hice. Fotografías, recortes de periódico, boletos de avión, entradas y cartas me dejaron atónito.

Las fotografías abarcan desde que debuté en el equipo del barrio, tenía 9 años entonces, hasta ahora que soy pieza clave del superlíder. Los recortes de periódico comprenden todas aquellas noticias deportivas en las que aparece mi nombre o se habla de mis goles y actuaciones. Los boletos de avión son de todos los sitios en donde he jugado, tanto a nivel nacional como internacional. Las entradas son de cada uno de los estadios que he pisado. Y las cartas…las cartas son las que siempre le regresó mamá.

Cada vez falta menos y no me atrevo a decirle que lo amo. Su rostro inerte y lleno de tubos me invita a abrazarlo y llorar. ¡Cómo agradecerle a este aficionado mudo su apoyo!, nadie me ha seguido tanto como él. Ojalá algún día se entere que durante muchos debajo de la camiseta del equipo siempre porté otra camiseta con la leyenda “vuelve”. A quién le miento, nunca pude odiarlo: todo es asunto del rencor y del instante.

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