Hakan Sükür

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?v=w_mf1W6lGRg[/pro-player]«pensé que aún puedes seguir adelante porque, o bien estás justo en el umbral de ese instante, o bien dudas dulcemente instalado en tu espera…”, Orhan Pamuk, en La Vida Nueva.

El mundo pambolero se muestra incrédulo y decepcionado. Abundan las críticas negativas hacia uno de los Mundiales más insípidos de la historia. Paradójicamente se trata de la primera copa del siglo XXI; primera en Asia y primera en ser organizada por dos países. Por si algo le faltaba al panorama adverso del certamen, Corea del Sur y Turquía se disputan el tercer y cuarto lugar del orbe. Estas dos naciones, ajenas a las potencias y a instancias finales, están en la mira de la resignación, de la obligación por ver fútbol.

Nada mejor para vencer la apatía del buen juego y contribuir a la devoción estadística que un gol tempranero. A los once segundos de iniciado el partido, un otomano con ascendencia albanesa aprovecha un error de los surcoreanos. En estos momentos él no lo sabe pero el mundo sí: su nombre se ha grabado en la historia de los Mundiales. Mientras Hakan Sükür festeja la anotación, los anales de la Copa del Mundo escriben a tecla veloz su hazaña. El partido termina tres a dos a favor de los turcos, quienes se conservan hasta 2006 como el tercer mejor equipo del mundo, por debajo de Brasil y Alemania, campeón y subcampeón respectivamente.

Alemania 2006. La sorpresiva Turquía no ha calificado a la Copa del Mundo. Muchos recuerdan que los otomanos se quedaron con el tercer lugar en Corea-Japón 2002. Pocos se acuerdan que en ese Mundial fue Hakan Sükür quien le dio un sentido al acto de la proeza, a la necesidad de alterar la historia y al elemento futbolístico que todo aficionado espera: un gol digno de la memoria, del instante eterno que nos concede un Mundial.

FacebookTwitterWhatsAppEmail

6 comentarios

Your email address will not be published. Required fields are marked *