Si de canalladas se trata…

Son Canallas y Leprosos. Se detestan desde tiempos inmemoriales, los dos convivientes más grandes de Rosario. Se dice que cuando se juega el clásico entre Central y Newell’s, la ciudad de mujeres más lindas de Argentina se convierte en la sucursal mundial del manicomio. La locura invade el Gigante de Arroyito –la cancha de Central– o el Parque Independencia –estadio de Newell’s–, según corresponda.

A mi juicio, el clásico rosarino debería prescindir de las camisetas azules y amarillas y de las rojas y negras; hacen más falta los chalecos de fuerza.

Esta temporada Central descendió de categoría, después de 25 años. Hubo un alguien, que podría ser cualquiera, que no aguantó lo que consideró una ignominia. Luego de la derrota de su equipo ante All Boys (0-3), Juan Pablo Dandreta se suicidó.

Hay episodios, otros, que no rozan la tragedia y también explican de qué se trata ser de Central.

Tres historias, la misma historia. 23 de noviembre de 1997, el conjunto Canalla le ganaba 4 a 0 a Newell’s. En medio de ese baile descomunal, los jugadores visitantes decidieron interrumpir la fiesta. A esa altura, el conjunto rojinegro (simil camiseta de Atlas) tenía cuatro expulsados. Reglamentariamente, un equipo puede jugar hasta con siete futbolistas. El plan simulación consistió en que uno se hiciera pasar por lesionado. Ya sin cambios posibles, no hubo más partido. Le quedaba un buen rato a Central para engordar la goleada, por eso sus hinchas decidieron que el partido continuara más allá de los años. Desde entonces, todos los 23 de noviembre conmemoran el Día del Abandono, con suma ironía. ¿Cómo? Se juntan en la sede del club y arrojan toallas, una práctica usual en el boxeo para decretar anticipadamente el fin de una pelea.

De todos modos, la fecha emblema de los Canallas es el 19 de diciembre de 1971. Aquel día, Central y Newell’s se cruzaron en las semifinales del torneo Nacional. Central, que después fue campeón, ganó 1 a 0 con gol de Aldo Poy, de palomita. No hay año en que los hinchas no revivan la proeza, con el mismo protagonista ensayando el cabezazo. Nadie sabe hasta cuándo podrá repetirse el gol. La última vez, Poy dijo que lo hacía con mucho gusto. Pero aclaró que, por su edad, ya le dolía tirarse al piso.

La épica del encuentro fue incorporada a la literatura por el Negro Fontanarrosa, escritor y fanático de Central. El nombre de ese cuento imperdible es tan sencillo como descriptivo: 19 de diciembre de 1971. Fontanarrosa pertenecía a la intelectualidad, pero no se reprimía la pasión por Central. Una vez contó una anécdota, que vale para comprender su sentimiento. Dijo que solamente en dos oportunidades su mujer se había animado a despertarlo en la mañana. Asustada, en 1982, le anunció que el ejército inglés había invadido las Islas Malvinas. Para la vez siguiente tuvieron que pasar once años. También asustada, le informó que Maradona había firmado para Newell’s.

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5 comentarios

  1. MOLLETUCA jueves 16, septiembre 2010 at 21:34

    ¿Hasta qué punto es “sana” la pasión de un aficionado?
    Me gusta ver los estadio llenos, me gusta la rivalidad y defender la camiseta, me gusta festejar un gol de esos que hasta siente uno que le vibra el corazón.
    Pero me molesta la intolerancia, me estresa la violencia, me da coraje ver cuando la afición, desbordada de pasión, llega a la locura.

  2. Marcelo Rodríguez viernes 17, septiembre 2010 at 8:21

    Buna pregunta, Molletuca. ¿Cuál es el límite entre la pasión y la locura? El fútbol argentino todo el tiempo se hamaca entre las dos posturas.

    Abrazo

  3. MOLLETUCA lunes 20, septiembre 2010 at 23:06

    En México hay algunos aficionados que han imitado a los argentinos, pero creo que, al ser mera imitación, la pasión no llega a ser genuina.
    Saludos, señor.

  4. Marcelo Rodríguez martes 21, septiembre 2010 at 15:14

    No sé cómo será en México, Molletuca, pero coincido en que la pasión debe ser un sentimiento genuino y no un rebote de otro espejo.

    Abrazo

  5. pepe corvina jueves 16, diciembre 2010 at 14:03

    EN REALIDAD EN MÉXICO EL AFICIONADO ES MUY PECHO FRÍO… HAY ALGUNO QUE OTRO INADAPTADO QUE HA ENCONTRADO COBIJO ENTRE LAS BARRAS, COPIAS BASTANTE BURDAS DE LAS ARGENTINAS Y EUROPEAS. Y YA SINTIÉNDOSE IDENTIFICADO Y CON PERTENENCIA, TAL VEZ DROGADO Y ALCOHOLIZADO, SE ENVALENTONA PARA HACER DESMANES Y LIARSE A GOLPES EN ALGUNA ESCARAMUZA, PERO NADA MÁS. LA VERDAD ES QUE EN MÉXICO, A LAS RIVALIDADES LES FALTA MUCHA CAFEÍNA PARA SER LO QUE SON EN OTROS LADOS. OBVIAMENTE, ESTOY EN CONTRA DE LA VIOLENCIA, NO DIGO QUE TENGA QUE HABER MUERTOS Y HERIDOS EN UN CLÁSICO PARA QUE ÉSTE LO SEA; SINO DE PASIÓN GENUINA Y BIEN ENTENDIDA Y CANALIZADA. NI SIQUIERA TIENE QUE HABER INSULTOS, SINO UN AMOR PROFUNDO POR LOS COLORES DEMOSTRADO CON VEHEMENCIA PERO SANAMENTE. ALDO POY: EL PAPÁ DE ÑULSOLBOIS. ¡¡¡GRANDE NEGRO!!!

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