Te vas, te vas, te vas, ¿venís?

Gallego le dijo no a IndependienteSi los diccionarios incluyeran la definición de fútbol argentino deberían consignar: dícese del monstruo devorador de entrenadores, que mastica y los escupe en apenas un puñadito de fechas.

Lunes negro, el día después de la última fecha. La providencia o la casualidad habían consagrado un milagro: disputadas seis jornadas del torneo Apertura no había técnicos echados ni renunciados, algo que no sucedía desde 2001. Otra vez -si es que ya había acontecido- el decoro y la coherencia parecían haberse apoderado de los dirigentes.

La burbuja se pinchó en el arranque de esta semana. O mejor, después del fin de semana de fútbol. Se repasa: Independiente fue goleado 4-0 por Banfield; afuera Daniel Garnero. Colón cayó ante Boca, 3-1; chau Turco Mohamed, que llevaba, inéditamente, dos años en el mismo club. Huracán perdió 3-0 ante Gimnasia; Héctor Rivoira agarró las valijas. De un plumazo, tres entrenadores salieron de raje por la ventana. En la carrera emprendida, lo de siempre: pedido de disculpas a los hinchas, silencio ante los dirigentes y ninguna protesta por el contrato destrozado; calladitos, que el show debe continuar. Hasta acá lo normalmente anormal.

Lo que llama la atención es el caso de Independiente. La llegada de Garnero se sucedió a la ida de Tolo Gallego, a quien la dirigencia del Rojo había echado cuatro meses atrás. Sin entrenador otra vez, el presidente Julio Comparada fue por alguien que reemplazara al ahora desocupado Garnero. ¿A quién se le ocurrió llamar este señor? No, no puede ser. Sí, sí fue. Comparada fue a buscar a Gallego. Al mismísimo hombre al que había echado hace apenas un ratito. Tolo fue a la reunión solicitada, los miró a la cara y les devolvió a los dirigentes una lección de dignidad. Simplemente, Gallego les dijo que no.

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