¡Uuuuyy golazo del Chicharito!

No me queda duda que si hay un jugador que en estos momentos ilusiona al pueblo mexicano, ese es Javier Hernández y no porque sea la octava maravilla, pero es uno de los pocos jugadores mexicanos que transmite pasión al jugar fútbol, además de que juega bien el chavo, eso que ni qué.

Veía ayer el juego y a pesar del empate a ceros tenía la ilusión, al igual que millones de mexicanos seguramente, que lo dejaran entrar aunque fuera unos minutos. Había optimismo y ansiedad en el ambiente de  todos los que estábamos viendo el partido y asegurábamos que si entraba iba a pasar algo con el mexicano. Al menos eso pensábamos.

También es cierto que ayer todos éramos técnicos a la hora del partido. «Que lo meta por»…. Y no encontrábamos por quién. ¿Por Berbatov? No, por ese no. Entonces que saque a algún defensa y que recorra para  atrás a…. no sé pero que meta al Chicharito. ¡Ferguson, ya mete a Hernández!

Para no variar, Raúl Orvañanos en la transmisión nos torturaba con su lectura de “twitters” como él les dice y que todos tenían que ver con lo mismo. ¿A qué hora van a meter al Chicharito? «Calienta Owen», dijo el comentarista ya citado. Pero no, de repente al minuto 77 la imagen de Javier Hernández se presentó en la imaginaria con su número 14 en la espalda y la emoción e ilusión creció al máximo en los mexicanos.

¡Ya va el Chícharo! ¡Sí, ya va a entrar! Todos como atraídos por un imán se reunieron en frente del televisor donde veíamos el juego. Trajeados, casuales, y hasta alguno que otro fachoso (me incluyo en este renglón) nos pusimos serios y anhelábamos el gol del mexicano. Uuuyy sería mágico que la metiera y ganaran, ¿se imaginan?, se escuchaba por ahí. Otros más “conocedores” decían, “este es el juego donde debe demostrar para que Ferguson lo tome en cuenta más seguido”. Y así todos mandamos, con nuestro estilo,  la buena vibra al jugador mexicano que tuvo la primera en un remate forzado y la estrelló en el poste…. ¡Uuuuuyyyy esa era carajo! ¡Carajo Chícharo mételas! Hasta nos enojamos con él.

El final se acercaba y quedaba poco tiempo. Medio resignados empezábamos a comentar que era poco tiempo pero que  igual y por ahí le quedaría una chance todavía, (eso esperábamos).

Entró Macheda entonces al 83, y  Hernández solo al frente peleando todos los balones, eso sí, con todo el respaldo de un país que seguía creyendo en él para ese momento todavía.

Nani desborda, se quita a medio mundo, toca a Macheda, este habilita por el centro a Hernández entra al área…….!tira weeee! ¡¡¡¡¡¡¡¡Chícharo!!!!!!!!!!

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Gooooooool!!!!!!!!!!!!!

Hernández corrió y su festejo nos llenó de emoción, muy a su estilo gritaba quién sabe qué cosas pero su felicidad nos invadió.

Por si éramos pocos viendo la tele, los demás se dejaron ir inmediato hacia el punto de explosión. ¿Cómo fue?…. ¡Noooo, golazo, se metió entre tres  y golazo pegado al palo!  ¡Jugadón de …. ese que le dio el pase y Chicharito no perdonó, definió bárbaro! Ojalá que ya acabe no le vayan a empatar…¡Sí, todos le íbamos al Manchester!

Así vivimos el momento del día para los que nos gusta el fútbol y que vemos en ciertos jugadores que hay raza para salir adelante. Javier Hernández es de esos que al pisar la cancha se ve comprometido, que no se ríe cuando la riega y que sabe que este tipo de oportunidades no se deben desaprovechar.

Quizás por eso cuando juega, la atención hacia lo que hace es mayor que con los demás, porque más allá que juegue en el Manchester United, más allá que él juegue 15 minutos por partido o meta un gol con la cara en una Súper Copa de Inglaterra, es el jugador mexicano que hoy por hoy, nos transmite su pasión y alegría por jugar al fútbol.

¡Venga Chícharo, de aquí para arriba!

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