El Mundialito de Bednarik

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?v=3J0h7SRtKqA[/pro-player]En la década de los años ochenta nacimos muchos de nosotros. Para los que llegaron antes, y ya creciditos, tuvieron que soplarse las atrocidades de Raúl Velasco y su Siempre en Domingo, lastimaron sus oídos con Timbiriche, Parchis y Menudo. Surgió el Atari como un regalo de los dioses y el inexpresivo Harrison Ford se encumbró como Indiana Jones. También partió uno de los grandes ídolos de las multitudes, El Santo.

Sin embargo, en América Latina la gente no tenía tiempo para distracciones y tenían que reprimir ilusiones y sonrisas por culpa de las dictaduras; veían nacer y crecer la tragedia. En Argentina fue Videla, Pinochet en Chile, Stroessner en Paraguay. Pero fue en Uruguay, bajo el mandato de Juan María Bordaberry, donde a la FIFA de Joao Havelange se le ocurrió realizar en 1980 un Mundialito de fútbol.

El objetivo fue reunir a todos los campeones del mundo, salvo Inglaterra, país que cedió su lugar a Holanda. En medio de regímenes autoritarios, y con el antecedente de Argentina 78, los equipos participantes no se dejaron influenciar por el entorno político y social que vivía Uruguay. Los aficionados tampoco; afortunadamente encontraron una válvula de escape al infierno cotidiano.

Hoy, a 30 años de aquél certamen, el cineasta uruguayo Sebastían Bednarik exhibe en el Festival de Cine de Río de Janeiro el documental “Mundialito”. Con la intención de recrear la historia reciente de Uruguay, Bednarik encontró en este torneo el pretexto perfecto para mostrar la realidad de la dictadura: “qué mejor tema o vínculo más atractivo que el fútbol hay para hacerlo”.

Partiendo de la premisa de que el futbolista de aquellos años vivía apartado de las temáticas política y social, en el filme Bednarik asimila a la gente de aquél entonces con la actual, quienes pase lo que pase encuentran en el balón la forma más amable de sonreír y distraerse. “Ayudó a entender que sea cual sea el momento social y político de un país, cuando rueda la pelota la gente se olvida”. Con esto, Bednarik ha dado en uno de los puntos medulares de este deporte.

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