Un Nobel con tintes de Old Firm

Mario Vargas Llosa y Gabriel García MárquezNo hay muchas rivalidades del tamaño Celtic-Glasgow, que además de ser un clásico futbolero, retrata diferencias sociales, culturales y políticas. Vaya, una antítesis que no admite, ni admitirá jamás, un acercamiento.

Hay casos de jugadores que se pusieron las dos camisetas, aunque muchos de ellos antes de 1912, cuando aún no recrudecía el sectarismo que se vivió, por ejemplo, en los 80’s. Sobra decir que algunos nunca alcanzaron el perdón de la gente.

Un artículo de este clásico escocés conocido como Old Firm se me cruzó entre algunos sitios por los que navegaba esta mañana, cuando de repente me topé una noticia, ya recuperada por casi todos los medios, en donde el escritor argentino Federico Andahazi se aleja de todos los halagos hacia Mario Vargas Llosa, y declara que el premio Nobel del peruano «es una injusticia muy grande más allá de los méritos literarios de su obra».

La razón de su crítica es sencilla, él asegura que «aquello que no se le perdonó a Borges, por cierta actitud de derecha, se le perdonó en demasía a Vargas Llosa». A estas horas no son pocas las voces que se refieren al tema, ya que la academia sueca, en general, ha tenido simpatías por escritores de izquierda a la hora de entregar su premio.

Hay un dicho, muy enraizado entre la gente que se asume progresista, que dice que se puede pasar de la derecha a la izquierda, pero al revés, jamás. Varios sectores, sin decirlo, nunca le perdonaron a Vargas Llosa cambiar los ideales de la Revolución Cubana por el ideario conservador (se enemistó para siempre con García Márquez y Cortázar), incluso, hasta colocarse a la derecha de Fujimori en las elecciones de 1990 (cosas de la vida, hoy uno es premio Nobel y otro está encerrado en la cárcel, condenado a un cuarto de siglo de prisión, por crímenes de lesa humanidad y corrupción).

También hoy, por ejemplo, la periodista argentina Patricia Rodón pregunta en su columna: ¿Qué pasó con la institución que otorga el máximo galardón de la literatura mundial? ¿Cambió sus parámetros de premiación? ¿Privilegió el espesor de una obra literaria admirable y no una filiación política? ¿Recordó el pasado comunista de Vargas Llosa?. Y termina con la frase: «Por eso, desde hoy, al flamante Nobel de Literatura, las anécdotas se le multiplicarán en la realidad real y en la realidad ficticia de la literatura que, en manos del ‘escribidor’, pronto tomarán forma de novela, de ensayo o de artículo periodístico persiguiendo el afán secreto de explicar la “ficción” de su premio»:

Sin adentrarnos en discusiones sobre la parte del espectro político donde nos ubicamos cada uno de nosotros, sigue resultando interesante averiguar que, mientras en México hoy se habla de alianzas entre la derecha y la izquierda, en otros rincones la diferencia política sigue siendo irreconciliable, como el Celtic-Rangers, incluso al punto de cuestionar un premio que, en lo estrictamente literario, como también lo aceptan Andahazi y Rodón, es indiscutiblemente merecido.

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