Valdano me pone en aprietos

Valdano me pone en aprietosEn su día de descanso, la dueña de mis suspiros me pidió acompañarla a comprar un libro para su clase de Psicología. Recorrimos las librerías de Miguel Ángel de Quevedo y fue en una librería de viejo donde hicimos escala por unos minutos. Pagó en la caja dos libros y salimos del lugar. Ya en la calle me enseña uno de ellos y me advierte: “éste es para poder entender tu lenguaje”; ni más ni menos que El miedo escénico y otras hierbas de Jorge Valdano.

Con sorpresa le dije que no había necesidad de hacerlo, pues no está obligada a saber de fútbol. Recordó una charla que sostuve con Jairo, donde ambos llegamos a la conclusión de que somos unos románticos del balón, del toque, de la esencia y que distamos mucho de algunos aficionados que basan su pasión en el resultado, en la estadística.

A manera de prefacio por lo anterior habría que comentarles una anécdota. Hace dos semanas la dueña de mis suspiros y yo nos dirigíamos al cine y detuvimos la marcha en una cancha llanera. Por iniciativa mía nos sentamos a ver un rato el partido protagonizado por 22 chavales. Sin ningún conocimiento futbolístico de por medio, ella hizo hincapié en un chaparrito y flaco jugador: “ése no corre nada pero es al que le pasan todos los balones y él los pasa todos”. Y en efecto, ese chamaco surtía los goles; que sus compañeros los fallaran, es otra cosa.

Le respondí ─en mi muy humilde opinión y percepción del fútbol─ que en este deporte en ocasiones no es necesario correr y mucho menos tener un físico duro o de adonis. Basta con saber usar la cabeza (inteligencia) y ser un amo del tiempo. Ese chamaco poseía tales cualidades: detenía el flujo del juego con un amague, dormía la pelota para después encontrar al compañero mejor ubicado; no se movía pero sabía qué hacer con el balón. Ah, cómo me recordó a Valderrama.

Bueno, para no hacer tanto cuento, hoy la veo en su hora de comida y traía consigo el libro de Valdano. Ya va en la página 100 y tomándome de la mano me dice: “Este señor parece que es una eminencia. Escribe como si te hablara al oído y sabe lo que dice. ¿Fue futbolista acaso? No me importa, aprendo mucho con él”. Lo mejor que pude hacer fue abrazarla y besarla. Finalmente, encendió un cigarro y mirándome a los ojos me la cantó: “sólo espero que al igual como eres de romántico con el fútbol y con Valdano, lo seas conmigo”.

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