¿Amar al padre u odiar al técnico?

Prólogo de lo difícil que es amar al fútbol

Vivir con el enemigo en casa es una desdicha. Que el enemigo sea tu propio padre es un castigo divino. Maldita la hora en que crearon el Día del Padre y el amor de la sangre; bendito el instante que nos permite descubrir ser aficionados a un equipo y nacer con los colores de una camiseta genéticamente no heredados.

La desdicha

Polo ha decidido salir de casa para no volver. Pese a que tiene 17 años, cuenta con la edad suficiente para valerse por si mismo. Tendrá que aprender a hacer útiles sus manos, a sudar con dinero propio y a dormir sin la tranquilidad del derroche. No le importan tanto las adversidades, sino el tiempo que las ha de aguantar. ¡Pero cualquier situación es soportable comparada con la humillación que le propinó su padre!

Don Mateo, papá de Polo, es técnico del Sponzor, acérrimo y odiado rival del Tenoxa, equipo de Polo. Cuando le ofrecieron el puesto a Mateo, su hijo le suplicó y le rogó que llegado el partido contra los tenoxas se dejara perder. Su padre no le hizo caso, incluso se dio el lujo de propinarle una goliza inolvidable al equipo de Polo, ¡7 a 0! Al día siguiente, Mateo declaró a la prensa: “Jugamos contra un fantasma; le ganamos a la nada”.

Dolidos y heridos en su orgullo de aficionado, amigos de Polo le dejaron de hablar (hubo algunos que lo golpearon). Le retiraron la amistad y se encargaron de hacerlo sentir mierda dentro y fuera de la escuela. Se suprimieron las borracheras, los fajes y todo lo que conlleva la vida burguesa de los hijos de entrenadores. Pero nada, absolutamente nada más terrible para Polo que lo acusen de “traidor”, de pisotear la camiseta amada al vivir con el hombre que marcó de por vida a los tenoxas.

Hoy Polo fue a pedir trabajo en una cafetería. El dueño del lugar lo rechazó para el puesto de mesero por considerarlo persona “non grata”. Al parecer tendrá que irse de la ciudad, pues en cada establecimiento y negocio con vacantes está colocada la siguiente leyenda: “a los bastardos ni trabajo ni el saludo”.

Mientras tanto, en casa, Mateo lee y se congratula de todos los artículos periodísticos que alaban su hazaña y lo consideran un extraordinario técnico. A la pregunta expresa de su esposa sobre el porvenir de Polo, el afamado padre responde: “ya volverá, no sabe vivir sin dinero”.

2 comentarios

  1. LuiXo domingo 17, octubre 2010 at 12:41

    me parece que has hecho mejores… este lo sentí distante

    • Elías Leonardo domingo 17, octubre 2010 at 12:52

      Luixo, dime a qué se lo atribuyes. Tú eres uno de los que se atreven a leerme, por lo cual me gustaría saber en qué crees falle y por ende en qué puedo mejorar. Un tema recurrente en mis historias es la figura paterna, poco tocada en la literatura de este país. Un abrazo

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