Recordando a Chucho

América empató 2-2 en PueblaAsí no se puede. Si ya con Chucho Ramírez era patético ver al América defendiéndose a capa y espada, el domingo pasado Manuel Lapuente decidió recordarnos «viejos» tiempos, y le ha dado al americanismo un golpe duro haciendo ver al equipo como uno más, del montón, de esos que juegan a no perder y con miedo a arriesgar. Lo más increíble del asunto, es que en efecto, arriesgó demasiado el entrenador americanista al echar al equipo para atrás y dejar vivir a un Puebla que en la primera mitad debió llevarse tres o cuatro goles mínimo.

Es una realidad que el americanismo está  inconforme, está dolido y buscan culpas en el rendimiento de ciertos jugadores que por lógica, el domingo dejaron de verse en la segunda mitad, y cómo no iba a ser si su labor era defender, hacer el trabajo sucio, por lo que dejaron de producir al frente ante el consentimiento del entrenador. Los cambios que en un inicio fueron sorprendentes y estaban dando buen resultado como la inclusión de Daniel Márquez por Vuoso, terminaron siendo ridículos en el complemento y de manera lamentable el equipo de Coapa terminó apurado y con posibilidades amplias de perder el juego.

Al americanismo no le queda de otra, mientras el sello lapuentista siga presente, nada va a cambiar. La mediocridad será el común denominador del equipo y la ilusión se centrará en hacer una buena liguilla, con ese estilo eso sí, pasando de rondas a como Dios les de a entender y tratando de colgarse un título más, sí, de esos que se van a festejar pero que no dejarán testimonio de un equipo dominador, ganador y que manda.

El América en manos de extraños se comporta como eso, ante la impotencia de sus seguidores fieles que ni son escuchados y que hasta empiezan a conformarse con lo poco que el equipo ofrece, con las promesas infames de un título y de brillo internacional, pero manejados por un montón de valores todos distintos a los que dieron vida al equipo.

Ni hablar, viene el Clásico, ese se tiene que ganar a como dé lugar dirán por ahí, pero alguna vez esos juegos se ganaban con calidad y categoría. Hoy eso se ve muy lejos, aunque Lapuente y amigos digan  lo contrario.

¡Así no se puede!

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