La tragedia del Manco

La tragedia del MancoExisten historias que nos pueden resultar ajenas. Sin embargo, las distancias y el nulo contacto con una persona no son impedimento para generar empatía. Más aún cuando el individuo en cuestión mantiene un vínculo estrecho con nosotros los desconocidos; un eslabón tan poderoso como el fútbol.

Mientras un balón rueda en lo ancho y largo de la mediocridad de nuestra liga, otro esférico se ha detenido en la miseria de un asilo colombiano. Murió el gol, calló la hinchada. En la soledad y en la pobreza absoluta, partió de este estadio llamado mundo Jaime “el Manco” Gutiérrez, considero el mejor jugador criollo en la tierra de García Márquez.

El pasado 16 de octubre, el cuerpo de “el Manco” yacía quieto e inerte con 80 años de edad a cuestas. Pero hacía unas semanas atrás, como desde hace 25 años, vivía en una casa a medio construir donde comía en el mismo plato de plástico que usaban sus ocho gatos. Además del trasto, tenía entre sus pertenencias: un colchón mugriento, dos lápices, dos camisas, un cachaco, un pantalón, un maletín de cuero y una botella de alcohol antiséptico.

En el hogar de tablas mal colocadas y cobijado por orines y hedor, “el Manco” se alejó de las canchas para dejarse morir; una muerte lenta y extensa que se prolongó por 25 años. Lo condenó el olvido, lo juzgó la ausencia. ¿Qué pudo haber llevado a un hombre alabado por Di Stefano, goleador del Medellín y campeón con Atlético Nacional a optar por el abandono de las canchas, eligiendo la miseria como un arma letal?

El amor. Este sentimiento tan inexplicable y tan criminal fue más fuerte que la pasión por el fútbol. Un portarretratos que ocultaba “el Manco” así lo evidenció: la fotografía de una jovencita peinada de lado, con cuello de encaje y una cinta; su esposa muerta.

Era 1956. Tras jugar un partido, el vuelo de regreso a Armenia, entidad colombiana, se retrasó. Gutiérrez llegó demasiado tarde al nacimiento de su primogénito. En el mejor momento de su carrera y a punto de ser campeón con el Deportes Quindío, “el Manco” recibió la fatídica noticia en el hospital: su esposa e hijo habían fallecido; Ana Elisa intentó soportar el alumbramiento pero no pudo; esperó y esperó a que su marido la acompañara en tan bello momento.

Hoy, Ana Elisa, “el Manco” y su hijo ya están juntos. Hoy, el “Manco” Gutiérrez juega otro partido, pero rodeado de una hinchada especial y sin compartir el plato con sus ocho gatos.

2 comentarios

  1. Chente viernes 5, noviembre 2010 at 16:46

    Nota mental “no deberia leer este tipo de articulos en el trabajo”
    Casi lloro k
    Gracias Elias

    Saludos!!

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