Resaca de la final

Afortunadamente el título no se definió en tiempos extra o penales. Ambos contendientes estaban hechos a la medida para definir en 180 minutos el campeonato; matar o morir. Por sus estilos de juego y planteles no podían darse el lujo de adormecer el fútbol con alargue y dramatismo innecesario. Quien mejor entendió la atmósfera fue Monterrey.
Las dos caras de la moneda lucían similares pero no iguales. En un frente estaba un hombre de experiencia acostumbrado al éxito en finales. En otro, se encontraba el hombre del eterno fracaso a la hora de la verdad. Pero ambos técnicos se olvidaron de etiquetas y estigmas para apostar a ganar. Romano lo hizo en la ida, sin embargo Vucetich lo superó en la vuelta.
Santos y Monterrey también hicieron olvidar los prejuicios (muy válidos en los últimos años) que existen hacia futbolistas extranjeros. Más que nombres hubo hombres, jugadores de calidad que se integran al funcionamiento del equipo, pero que saben de sus capacidades individuales. En el lenguaje explícito se acoplaron a las tácticas; en el idioma subjetivo optaron por la técnica.
Benítez y Quintero son un par de locos capaces de romper el ritmo marcado por el juego. Insolentes, aprovechan el mínimo espacio para hacer lo que les venga en gana. Suazo es un irreverente capaz de transformar todo un partido con ubicación, desborde, drible y tiro de larga distancia. Pese a sus capacidades, nunca jugaron para si solos, siempre respetaron el juego colectivo mandado por sus técnicos.
Al final, se coronó el más valiente, el más arriesgado. Quizá por ese lastre derrotista que le aqueja, Romano se reservó e intentó ser cauteloso. Graso error ante un colmilludo Vucetich, que descifró el miedo de su oponente y lo atacó hasta envolverlo en su propio temor. El peor enemigo de Romano es él mismo; algún día aceptará que también tiene derecho al éxito.
Mientras tanto, Monterrey debe y merece festejar un título bien obtenido. Valoraron el entorno de estar en casa, abusaron en beneficio propio de las críticas sepultureras hacia el técnico rival y se dedicaron a hacer lo que se necesita para ganar como se debe: jugar al fútbol.
P.D. En esta ocasión no habrá sarcasmos ni burlas. Bueno sí, la cara y estampa de Oswaldo al recibir el segundo gol del Chupete.




































Hola Elias
Resaca de la gran Final y la mayoría de los comentarios deben ir en el sentido de reconocer que Monterrey es un digno campeón….el arbitraje da y quita además a Santos nunca se le vieron llegadas de peligro prueba de ellos que Orozco rara vez se le mencionó durante el partido de Vuelta. Al final pesaron más Suazo y Denigris que la delantera de Santos y claro también fue más Vucetich y el Monterrey. FELICIDADES AL CAMPEON
Jorge, tus últimas palabras lo dicen todo. Un abrazo
ME PARECE QUE LUDUEÑA Y JP RODRÍGUEZ DEBERÍAN HABER SIDO TITULARES, Y EL PONY RUIZ DEBIÓ HABER JUGADO AL MENOS 35 MINUTOS… PARECE QUE ESTABAN MUY CONFIADOS EN QUE BENÍTEZ Y QUINTERO HARÍAN FÁCILMENTE UN PAR DE GOLES. PERO EN FIN, RUBÉN SABRÁ MEJOR QUE NOSOTROS POR QUÉ ARMÓ EL ONCE QUE INICIÓ
Pepe Corvina, en efecto: sólo él sabrá. Un saludo
MTY tiene mejor plantel y DT que Santos. Merecido triunfo. Un detalle. En un medio -el mexicano. Donde jugadores o DT que destacan, se creen la ultima coca del desierto y se hacen sangrones, creídos o esotéricos.
Vucetich un hombre sencillo, simple. De familia, religioso, directo. Bajo perfil. GANA TODA final. Capaz que la receta de imitar los modos grandilocuentes, NO funciona.
Adrian, salvo en lo único que no coincido contigo es respecto a familia y religioso. En mí parecer eso nada tiene que ver. Bueno, hablo así porque soy un detractor de estigmas familiares y religiosos. Jodorowskyano mi caso. Un abrazo
El verbo -hubiera- lo manejan los pen…..sativos; porque desde el primer minuto monterrey fue por el partido y los santistas se ” arrugaron”, fue tanto el miedo que tenian que hasta la pelota perdian.
Felicidades CAMPEON
Lázaro, esa palabra lo resume, se “arrugaron”. Un saludo