Que regresen los pirrurris

Aquí les traigo otra anécdota. Acudí de nuevo al café de siempre y tristemente ahora no hicieron acto de presencia los pirrurris. En cambio, en la mesa de a lado un matrimonio charlaba sobre los problemas que enfrentan sus hijos en la escuela. Aprovechando que los niños se fueron con los abuelos, discutieron sobre las reglas que han de ponerle a los chamacos.

Resulta que el mayor, Emilio, tiene seis años. Es peleonero y tiro por viaje lo reportan; su madre tiene que ir a dar la cara cabizbaja con la directora para decirle “prometo que no volverá a suceder”. El buen Emilio les surte tundas y trancazos a sus compañeritos porque es de carácter violento.

El menor, Maximiliano, de cuatro años, destroza las manualidades hechas por sus compañeros. Plastilina, acuarelas y cubitos de madera terminan en el suelo. En este caso, su madre también promete que no volverá a suceder.

Ella cree que lo mejor para los escuincles es meterlos a la práctica de un deporte, el fútbol específicamente. Considera que con el balón sacarán tanto coraje ─vayan ustedes a saber de donde lo absorben, aprenden y acumulan─ y correrán lo suficiente como para agotarse. Además, ve en el fútbol una manera para que se disciplinen.

Pero la propuesta le resulta una ofensa al papá. Machito a la antigüita, piensa que el fútbol es “deporte de viejas”; es un escaparate para bailarines frustrados. “Qué disciplina ni que nada. Eso de correr tras una pelota es para imbéciles, parias”. Por consiguiente, el padre sugiere karate o…educación militar.

Con un “sshhhh, baja la voz. La gente nos está escuchando”, la madre saca de su bolso una carta. Lo entrega al padre, que mediante un “¿qué es esto?, seguro otro reporte” lee el contenido; son los regalos de Navidad que quieren los niños. Desean uniformes del Manchester United con el nombre del Chicharito.

El señor arruga el papel y lo tira al bote de basura. “Esto es el colmo. Que pidan lo que quieran, pero cosas de niñas no”. Molesto, se levanta y va al baño. Apenada, la señora voltea y me pide perdón por la escena. A lo que le respondo: “debería disculparse con sus hijos por conseguirle un padre así”.

No dijo nada. Después de un par de segundos en silencio, me pregunta dónde puede comprar esos uniformes y quién es el Chicharito. Apenas pude contestarle, pues con un truene de dedos el marido grita: “vámonos”.

Ojalá haya memorizado quién es el Chicharito y dónde puede comprar los uniformes. Después de este suceso, reconozcamos que se extrañan a los pirrurris.

9 comentarios

  1. pOp domingo 12, diciembre 2010 at 0:38

    Que triste pobres chamacos, que a los papas no les guste es su pedo, pero los morrillos que culpan tienen ja!

    Oigan, un post para Bernal, no¿? creo que se lo merece el que fue 4 veces campeón con Pumas.

  2. Tigretocho domingo 12, diciembre 2010 at 18:00

    No puedes poner la direccion del cafecito ese, y la descripcion del tipo??, Para ir a romperle toda su progenitora…. medigos chamacos agresivos y el wey este que los quiere meter a Karate O_o
    En que cabeza cabe…

  3. pepe corvina martes 14, diciembre 2010 at 10:47

    JEJE, EL SUJETO EN CUESTIÓN HA DE SER DE ESOS QUE EN LA ESCUELA NADIE LOS ESCOGÍA A LA HORA DE ARMAR LA CÁSCARA. POBRES CHAVOS, PERO LA CULPA ES DE LA ÑORA POR NO FIJARSE BIEN CON QUIÉN PROCREABA, COMO YA DIJERON ANTES. SALUDOS

  4. pepe corvina martes 14, diciembre 2010 at 10:50

    POR CIERTO, PRESENTEN A D. CAROLINA, NO SEAN GACHOS

  5. luistua viernes 17, diciembre 2010 at 11:17

    gracias mamá por elegir el padre correcto jaja
    Quiero a los pirruris de regreso, oo estarán de vacaciones en valle de bravo goeiii ah no que es navidad.

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