Y que nos encargan a Pepito

En la casa de mi nieto están todos vueltos locos. Jamás les ha gustado el fútbol y ahora andan busque y busque el balón que el niño posee. Una cosa es segura: no lo quieren para jugar o patear. No, resulta que antes de morir le pedí a Pepito que guardara muy bien el testamento y vaya que lo hizo. Yo ya sabía que toda esta bola de buitres se pelearía mi herencia, pero el único que la merece es el chamaco.

Cuando estaba en la cama del hospital, Pepito me fue a visitar todos los días. Me leía el periódico y me platicaba sobre sus cáscaras; siempre estuvo pendiente de mí y no del dinero. En cambio, sus padres y tíos nomás iban a comprobar si seguía vivo. No había más que discutir, el niño sería mi heredero.

Aproveché una noche en que nos dejaron solos para entregarle mi testamento. Le supliqué y rogué que lo escondiera hasta que mi abogado, quien anda de viaje, hiciera todos los trámites con él. Eso sí, para despedirme de una manera burlona le confesé a todos los buitres que el legado económico se encontraba en el balón de cuero de Pepito. ¡Pobres idiotas!

Anticipándome a los hijos de la carroña, mandé a mi nieto a otro estado; unos amigos cuidarán de él hasta que llegue el abogado. Mientras tanto, estas arañas buscan por toda la casa el balón y ni siquiera se preocupan por el niño. ¡Ingratos!

Una vez que mi corazón dejó de latir, y me perdí en este limbo donde defino mi suerte con Dios, puedo presenciar todo este espectáculo. ¡Ah, caray! Esperen un momento. Veo a Pepito…¿qué está haciendo?…no, no, no…Pepitooo, Pepitoooo…¡No hagas eso!

Maldita sea, ahí lo tienen; el muy tonto acaba de cambiar el balón por un revólver. Por favor, cuídenlo, se los encargo mucho. A mí ya me está llamando el creador…o sepa qué o quién es eso…

4 comentarios

  1. franciss ortega lunes 23, mayo 2011 at 3:00

    Ay pepito, nunca se deja el balón!

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