Borgetti

Se elevó de entre todos. El impulso que alcanzó le significó la gloria. Solo, ningún defensor que le hiciera segunda, como levitando, torció el cuello y desvió balón que venía desde la banda derecha. El momento trascendió y lo catapultó para el resto de su carrera. Era Borgetti en su primera final, en su primer campeonato, en su primer llamado a ser grande, en el último gol del primer torneo corto en nuestro país.

La televisión siguió prendida y de ahí salieron los aplausos, los gritos, la felicidad en La Laguna. En hombros cargaban a Jared, goleador, el tipo del triunfo. Su historia con Santos no pudo haber comenzado mejor: el larguirucho delantero que venía como promesa atlista, sentenció el primer trofeo en la historia del club de Torreón.

Cuando se coronaban, cuando todo el equipo estaba en la tarima brincando y pasando de una mano a otra el trofeo, se acercó mi mamá. ¿Quién ganó? / Santos, le dije y le pregunte que si le podía contar un secreto, algo muy importante que lo debía guardar sin decírselo a nadie. Quiero ser Jared Borgetti, susurré. Sólo me abrazó. Por supuesto corrió a contárselo a su mejor amiga y reírse de felicidad.

Pero tal proyección fue tan sincera… Jared al jugar tenía otra dinámica cuando se encontraba en sus buenos momentos. Zorro del desierto, le decían gracias al ‘gran ingenio’ de Bermúdez en sus transmisiones. Contrario al significado de haber debutado en Atlas y ser oriundo de Sinaloa, yo entendía y acoplaba su apodo al ser un cazador en la soledad de un atacante. Así se inventaba cada definición de antología, desde ahí fallaba cada pieza insospechada… así se forjó su historia.

Crecí con él. De casualidad me tocó ver en el Azteca su gol ante Costa Rica que lo catapultaba como el máximo anotador en la Selección. Llegué tarde a la escuela (y no me dejaron pasar) por quedarme a ver su golazo contra Italia. Me arruinó varias tardes contra Chivas y me decepcionó su última etapa, cuando fue del tingo al tango asegurando su futuro.

Era inminente y esa cita en la carrera de todo el mundo en su ser profesional le llegó hace unos días. Se despidió como menos lo hubiera querido: en el León de la división de ascenso, sin galardón, olvidado por el club donde pasó sus mejores tardes, donde encontró su casa. Seguro regresará en otra faceta porque además fue un tipo político, no se quedaba callado, un inconforme, incongruente a veces.

Hasta pronto entonces.

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