¿Y mis tacos mamá?

Toda una larga semana esperando el día. Ese domingo tempranito ya estaba yo de pie. Concentrado, serio, pensativo, no había otra cosa más importante que la cita de las 12 del día. Me sentaba en la orilla de la cama, estiraba mis piernas, ejercitaba mis brazos (sentado), movía el cuello y me miraba los pies como mandándoles buenas vibras para que golpearan bien el balón a la hora del gran partido.

Sí, 11 años de edad y ya estaba yo sometido a presiones extremas. El juego que nos clasificaría a la final del torneo escolar estaba a seis horas de iniciar y yo ya estaba listo. Bueno, casi listo, sólo me faltaba ponerme los tacos, tachones o como los conozcan, pero igual, era muy temprano y mientras, aquellas chanclas de baño azules medio fregadas ya, estaban perfectas.

Se levantó mi mamá me mandó a dormir otra vez, ya eran las 6:30 am y yo sentado en la sala con mi uniforme intacto, mis medias blancas como la nieve y la gran ilusión de llegar a la cancha y empezar a calentar y a patear el balón. Era el día.

En fin, hice caso y me dormí un rato (dos horas), después desayuné, ligero por supuesto, le hablé a tooooodos mis cuates del equipo. ¡A algunos los desperté y eso me enfureció! ¡Yo listo desde muy temprano y había otros que seguían dormidos a pocas horas del partidazo!

El momento llegó. Mi papá me avisa que ya era de irnos a los llanos (a él le gustaba ver los partidos). Perfecto, «sólo me pongo los zapatos y listo» – avisé.

Me puse el izquierdo, todo un arte el amarrado de las agujetas. Las amarraba con dos vueltas por encima del empeine y pasándolas por abajo del pie, después, el nudo fuerte, bien apretado para que no se saliera a la hora de lanzar los cañonazos.

– ¿Y mi otro zapato, lo has visto mamá?, lo dejé acá la última vez -. ¡El nervio me invadió! Algo no andaba bien, muy en el fondo sabía que algo no estaba nada bien. Mi mamá enseguida atizó sobre mi – Te dije que los guardaras en su lugar después de tu partido de la semana pasada – . ¡Uppssss!, me cayó como patada en….pero sí, era cierto, eso me dijo y la verdad es que tantos años después, no recuerdo en donde los aventé.

Busqué abajo de la cama, en el clóset como 30 veces, moví zapatos, saqué cajas, busqué abajo del comedor, en las recámaras………….menos en un lugar que jamás me hubiese imaginado. Ya desesperado fui al patio trasero, acaricié a mi perro en el jardín junto a su casita y……

Al siguiente domingo la final me esperaba, con zapatos nuevos y con la ilusión a flor de piel, nada ni nadie me iba a detener esta vez…

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