Reflexiones del periodista pambolero

De forma inequívoca nos enjuician llevándonos a la horca de la generalización. Somos llevados a planos plásticos reflejados por la imagen; estática presencia televisiva. Percibidos como catrines peinados con gel de semen y vestidos con harapos costosos ajenos a la plebe nos encasillan. No todos somos así y no toda la responsabilidad de dichos juicios es de ustedes; una marabunta se ha encargado de contaminarnos con el virus de la pose y el desamor del oficio.

El fútbol como vertiente del periodismo deportivo también es pluma, tecla y voz; camino oscuro a los ojos de los jueces. Deambulamos en rutas distintas con nuestro costal de la pasión y nos gusta el dulce aroma de la mierda indiferencia; nos sentimos libres. No sólo reímos, también lloramos y gritamos; guardamos recuerdos y padecemos soledades.

No todo es balón y fútbol en nuestras vidas. Por el contrario, a estas bellezas les damos cabida en nuestro peregrinar de ser y sentirnos humanos. Nos acompañan en las decadencias y resurrecciones constantes del andar. Algunas veces escaparate, otras tantas droga, el fútbol nos mantiene cosidos a un estambre poco valorado por el poder.

Gustamos de beber alumbrados por un foco torcido, fumar al amparo de un poste y arrullados por los cláxones de los coches. Dormimos donde nos caiga la noche y la luna nos abra sus brazos; acogidos en la tristeza de una soledad o en el desfogue de fluidos con una prostituta. En ocasiones soñamos e intensificamos emociones y sentimientos confrontándonos con nosotros mismos, abriéndonos al sexo de la persona amada y viajándonos en los gemidos del instante eterno.

Por supuesto que sentimos. Nos duelen los viejos con sus achaques, lastiman las criaturas muriéndose de hambre. Hieren las barreras y fronteras que criminalizan la piel, idioma y pensamiento. Nos tortura el desprecio por la vida y cuestionamos por qué tanto miedo a la muerte.
Esto también es ser un periodista deportivo, un apasionado del fútbol.

Jugamos en canchas llenas de metáforas donde lo inexplicable es confrontado con huídas o locura. Nuestros gritos y porras por más ocultos que estén son euforias cargadas de víscera y corazón; situaciones sin un ganador o un perdedor; esto que llamamos el día a día. Así sea; juzguen.

4 comentarios

  1. M. Damián Viernes 14, Enero 2011 at 14:12

    Ánimo: al grueso de los periodistas de la televisión no se les puede tildar de pendejos, porque ni las tildes saben usar.

  2. Paco Prz Domingo 21, Agosto 2011 at 22:31

    Gracias por escribir de esta forma, no me cabe duda que tome la ruta correcta al decidirme por el periodismo deportivo

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