Entonces, festejemos…

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?v=KGtghBzhFnc[/pro-player]Nunca me gustó eso de dar un premio al «mejor» de cualquier cosa. No tiene utilidad. Además, convengamos que estas galas aristocráticas y fantoches que rodean la premiación, rozan altos niveles de ridiculez.

De entrada ver a Messi disfrazado de pingüino, con todo y moñito, alejado del lugar donde hace magia, la cancha, ya es un signo de debilidad para el evento. La cámara se va con Xavi e Iniestra, y lo mismo. El resto de los futbolistas, también (yo le hubiera dado el premio a Sneijder sólo por no llevar corbata).

Y ni hablar de los altercados verbales mediáticos que hacen creer que un Balón de Oro es más que una Copa del Mundo, o que la entrega de un trofeo logrado por los votos de determinadas manos cotiza más que una Copa conseguida en la cancha.

Siempre maldije los premios deportivos de elección por lo corto de su valor. Ya no digamos, entonces, las disputas orales que de su entrega resultan.

Que nadie sienta lástima por Xavi e Iniesta, porque son dos campeonsotes del mundo que, además, juegan como magos. Tampoco reprochen nada a Messi, a quien le transformaron en pecado ser el mejor jugador del mundo (no sé por qué sospecho que Lío cambiaría sus dos premios por un Mundial).

«¿A quien le darías el Balón de Oro?», me preguntaban algunos, como si yo estuviera capacitado para desmenuzar habilidades, técnica, títulos conseguidos, estadísticas y no sé cuántos condimentos más, para científicamente concluir un mejor jugador del año (la existencia del premio, en sí misma, significa que hay quien sí pueda hacerlo). Peor aún, algunos telespectadores hoy están ofendidos como si hubieran sido víctimas de un robo o una injusticia deportiva. Mi respuesta, en todo caso, era algo así como: «no me interesa».

Concluyo que para eso sirven los premios, para darle un toque de ridiculez a lo que es perfecto. Cuando digo perfecto me refiero a Messi, a Xavi, a Iniesta, y también a Sneijder, a Kaká, a Tévez, a Del Piero y todos los que, cuando pueden y están en condiciones, juegan fútbol de oro.

Con o sin Balón de Oro, los tres nominados van a jugar genialmente su próximo partido, como siempre lo hacen. Y ahí aparece nuestro premio, cuando disfrutamos del fútbol que esos jugadores siguen perfeccionando.

Poco importa quién gane los premios, lo único que sé es que mientras existan futbolistas de ese rango, los ganadores seremos siempre nosotros.

Entonces, festejemos…

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