¡Portero, portero!

Y ahí estaba Jaime en las gradas de las canchitas donde se hacían las retas todos los días. El joven como de unos 22 años siempre iba, siempre estaba dispuesto a jugar “de lo que sea” así decía siempre. La cuestión es que pocos le hacían caso porque ya en una o dos ocasiones que había ingresado para completar una de las retas, sus actuaciones habían dejado mucho qué desear. No jugaba nada de nada, la verdad.

Como en todos lados, había la típica reta que nadie los sacaba hasta que se cansaban y decidían perder un juego para descansar, pero para eso pasaban hasta dos horas, la verdad eran unos sobrados y cremosos, como les decíamos, pero la otra verdad es que bailaban a todos. De repente algunas retas se ponían buenas y hasta los llegaron a sacar, pero eso era muy de vez en cuando.

En una ocasión ya entradas las retitas famosas, aparecieron estos “invencibles” pero eran cinco nadamás. Curiosamente llegaron a sentarse a ver los partiditos pero no pidieron jugar, pues al parecer esperaban a su otro integrante, el cual por cierto, nunca llegó, y tuvieron que elegir a uno de la tribuna pero nadie quería jugar con ellos….bueno, excepto alguien que bajó a pasos largos las gradas casi llenas…

Le hicieron el feo esa es la verdad. No les miento, los demás nos reímos como diciendo, órale, a ver cuánto duran en la cancha con ese portero. En ese momento nadie le deseó suerte al tal Jaime que era malísimo y de portero ni se diga.

No les quedó de otra, aceptaron y medio resignados empezaron a jugar. Recuerdo que ese primer partido todos tiraban de lejos para probar las habilidades del “nuevo arquero”, pero el destino se empeñó en dejarle más minutos a Jaime que de manera nada ortodoxa sacaba algunos balones mientras que otros iban desviados.

Llegó el momento del día. Con el marcador 1-1 (la reta era a dos), un penal se cobró en contra de los “invencibles” y qué mejor oportunidad que tirarle el penal al Jaimito. La verdad se veía inofensivo bajo los tres palos, y eso que eran porterías medianas….

El tirador tomó vuelo y lanzó metralla….sólo recuerdo cómo ese balón salió rebotado con tal fuerza hacia arriba y lo primero que pensé fue….metal!!!!!!! Otros gritos fueron de – ¡¡¡¡¡¡Oooouuuccchhhh!!!!! – El balón seguía en juego pues rebotó dentro de la cancha pero fue ignorado por todos, que corriendo, se acercaron a Jaime que yacía en el suelo con el rostro ensangrentado. Era impresionante lo rojo que pintaba su cara, daba miedo. Lo llevaron a enjuagarse y aun atontado del balonazo alcanzó a preguntar qué había pasado, refiriéndose al penal.

La reta ya no siguió pues ya no había portero, podemos decir que nadie ganó aunque para Jaime fue su momento de gloria, la tarde en que todos serios y apenados le reconocimos su actuación. Igual no faltaron los que se orinaban de la risa por allá escondidos, pero la mayoría se preocupó por el afectado que no tenía amigos ahí y que paradójicamente vivió la mejor de sus tardes a pesar del incidente.

Por cierto cuando se retiró de las canchas fue despedido entre aplausos y con gritos de ¡portero, portero! hasta que cruzó la reja de salida y se perdió al doblar la esquina.

No lo volvimos a ver…

1 comentario

  1. My master JAIME jueves 27, enero 2011 at 18:39

    Ayyy caray, por un momento pensé se trataba de una anécdota muy parecida la cual mi querido amigo Sergio y un servidor vivimos en las canchas de Boulevares, ya que casi todo concuerda…

    Afortunadamente ese día tuve una afortunada y desafortunada tarde, afortunada por que a pesar de que los cremosos como citaste “la verdad eran unos sobrados y cremosos, como les decíamos” peritieron que fuera un tiro al blanco y saque todo, hasta que cometí dos errores en las salidas de meta dando el balón al rival y todavia “Las Primas del Roy” como los llamabamos se molestaron conmigo y me culparon de la derrota.

    Amigo Sergio te invito a que cuentes aquella donde te tocó a tí ser arquero y un anciano de 93 años, al que apodaste “TALOS” te marcó un tanto, no estaría nada mal…

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