La foto presidencial

En días pasados algunos diarios optaron por publicar en portada la visita de Monterrey a Los Pinos. Incluso dimensionaron tal suceso con calificativos como “honorable”. Esas líneas marcadas de apego al orden establecido, por aquello de no quedar mal, lastima en un panorama actual donde un gran sector de la sociedad no cree en las autoridades, ni en el fútbol mexicano.

Desconozco qué tan relevante y honroso le resulte a un futbolista acudir con el presidente de la República a tomarse una foto sin sentido. Integrantes del cuerpo técnico, directivos y elementos del plantel rayado lucieron elegantes para escuchar discursos de “reconocimiento” dirigidos con tono político. Es más, el juego, el fútbol como tal, jamás aparece en este tipo de actos protocolarios.

Los futbolistas forman parte de una sociedad o comunidad, de una nación, que día a día vive efectos y consecuencias negativas que en ocasiones son derivadas de malos gobiernos. Resulta incomprensible que el jugador mexicano se aferre a mantenerse al margen del aire que respiramos millones. Hasta para pedirles un autógrafo, el aficionado tiene que humillarse.

En otros países, futbolistas, entrenadores y periodistas tienen la capacidad (y el valor) de compaginar su rol como profesional con su rol de ciudadano, de un ser viviente y pensante dentro de una sociedad. En Argentina, por ejemplo, Ángel Cappa a menudo externa sus posiciones respecto a las decisiones que toman los gobernantes, decisiones que cree perjudican a sus compatriotas. Otro caso es Nicolás Anelka, quien se niega a entonar La Marsellesa por considerar que no es congruente con la realidad del pueblo francés, donde el racismo y la xenofobia es el pan de todos los días. En contraste, aquí en México, vemos a un Javier Aguirre prestándose de manera por demás vergonzosa a una iniciativa que terminó siendo una auténtica telenovela.

Cada torneo vemos la pasarela del equipo campeón por Los Pinos, situación que se revive de igual forma con la Selección Nacional cuando es abanderada antes de acudir a una Copa del Mundo. Inclinándose y agachando la mirada ante una autoridad supuestamente electa por la ciudadanía, futbolistas se sienten honrados. Parecen olvidar que no hay mejor honor que el mismo hecho de ser campeón, un honor que tiene de respaldo el apoyo, el sufrimiento y la fidelidad de ese sector tan importante y tan ignorado en los últimos tiempos, la afición.

Pero cada quien. Si la foto presidencial del equipo campeón es un honor, adelante. ¡Saquen las cámaras! Afortunadamente el cristal es amplio, y hay ojos que miran a través de él de distinta manera.

4 comentarios

  1. rodro viernes 21, enero 2011 at 14:56

    cada seis meses hay que ir por la foto jajajaj

Your email address will not be published. Required fields are marked *