Mañana voy a emocionarme

No se puede estar preparado para la exaltación. Esa sale solita. No se planea, no se agenda. Nadie dice, «mañana voy a emocionarme».

Algo ocurre y ¡pum!, ahí está. Es como si se activara un artefacto dentro del cuerpo, aunque nunca se sabe exactamente en dónde. La garganta, podría sugerir algún gritón. El corazón, algún propenso cardíaco. Yo tengo la idea que la alteración se engendra en algún punto entre las orejas y el cuello. Lo maravilloso, sin embargo, es la expresión física, que se manifiesta en un brinco, un gesto, una voz… un relato.

El mejor gol de la historia -aceptado así por los futboleros del mundo-, ocurrió el 22 de junio de 1986, aquí en la Ciudad de México. 114,580 personas lo vieron en vivo desde algún lugar del Estadio Azteca, y cientos de millones por televisión.

Todos lo hemos visto muchísimas veces (¿algún día se dejará de repetir?), pero, ¿y el relato? ¿lo recuerdan?

Por supuesto hubo varios, diferentes voces e idiomas dependiendo del país y la transmisión (en México fue Roberto Hernández Jr.). Pero vayámonos al más involucrado de todos: el relato para la televisión argentina.

Fue de Víctor Hugo Morales -uruguayo de nacimiento-, uno de esos caballeros del micrófono, reconocido por su exquisita voz, magnífica dicción e intachable manejo del idioma. Un cronista en el sentido más cabal de la palabra, además de periodista y escritor. Él, Víctor Hugo, quizá era el único capaz de adornar el grandioso gol con una narración del mismo tamaño. Fue también, para muchos, el mejor relato de la historia.

Exactamente al minuto 54 de aquel partido, sin saberlo, comenzó a ponerle voz al gol más extraordinario. Y no falló. Él ni se imaginaba lo que estaba por ocurrir, pero aquellas primeras palabras, «ahí la tiene Maradona», serían el inicio de un colosal cuento que incluyó descripción, frases fenomenales, ocurrencias inesperadas, calificativos fulminantes, lágrimas y emoción, pura emoción.

Lo más sorprendente, además, es que de inmediato reaccionó a esa obra maestra y en cuestión de segundos la calificó como «la jugada de todos los tiempos». Como si hubiera estado preparado…

Y conforme termino este texto corrijo una afirmación inicial equivocada: sí puedo planificar la emoción. Por ejemplo, cada vez que en el futuro oprima el botón de play en este video.

«…Ahí la tiene Maradona. Lo marcan dos. Pisa la pelota Maradona. Arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, y deja el tendal y va a tocar para Burruchaga. ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta… Goooooool. Gooooool. ¡Quiero llorar! ¡Dios santo, viva el fútbol! ¡Golaaaaaaazooooooo! ¡Diegooooooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme. Maradona, en corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos. Barrilete cósmico, ¿de qué planeta viniste?, para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina. Argentina 2, Inglaterra 0. Diegol. Diegol. Diego Armando Maradona. Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2, Inglaterra 0».

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