Tan sólo un minuto de silencio

En memoria de Fausto Trejo y Samuel Ruiz, luchadores admirables que nos regalaron el sueño de un mejor país.

Qué raro. Se han jugado ocho de nueve partidos y en ninguno han rendido un minuto de silencio a las víctimas. Resulta increíble que jugadores, cuerpo técnico y directivos de los equipos no quisieran rendir un instante de luto en memoria de los cientos de personas masacradas hace cuatro días. Resulta extraño porque en primera los futbolistas se jactan de presumir sus devociones religiosas, mismas que supuestamente se fundan en la vida de los demás. En segunda instancia habría que saber qué piensan, pues si llega a morirse la abuelita o el tío lejano de un presidente o un gobernador de inmediato se hincan y agachan cabezas en la cancha dándole rienda suelta a oraciones y rezos enfocados al descanso eterno del fallecido. Sólo falta un partido, el clásico; ojalá cambien de parecer.

¿Acaso son tan insensibles como para no poder expresar un mínimo rictus de dolor ante la carnicería llevada a cabo en el Centro Histórico y calles aledañas, donde cientos de mexicanos fueron abatidos a tiros y golpes por el único deseo de manifestar su inconformidad ante las malas decisiones que han tomado nuestros gobernantes?

Recordemos que hace cuatro días el presidente no toleró ver y escuchar a millones de nacionales protestándole por su dictadura disfrazada de enmiendas políticas: prohibida la educación sexual en las escuelas, prohibido leer y publicar textos ajenos a su ideología, prohibido usar condón, prohibido tener vínculo alguno con homosexuales. Agreguemos su política fiscal, la cual permite a funcionarios estar exentos del pago de impuestos. Por lo contrario, mexicano (entiéndase sociedad civil) que no pague a tiempo sus contribuciones está condenado a ¡35 años de prisión!

Sintiéndose poseído por sus antecesores en el cargo, Luis Echeverría y Gustavo Díaz Ordaz, el presidente recurrió a la matanza para reprimir una simple manifestación. Ordenó a las hienas, cuerpo de élite preparado para controlar y matar a “enemigos del sistema”, acabar con los opositores al desarrollo del país. Entre esos “opositores” estaban mis hijos, fieles aficionados al futbol que hoy desde no sé cuál lugar apoyarán a su equipo.

Han saltado los dos equipos a la cancha y el árbitro se dirige al centro del campo. Habla con los capitanes, les da la mano y se lleva el silbato a la boca. Inicia el partido…

…el minuto de silencio se efectúa en cientos de hogares que aún lloran la cruenta partida de nuestros seres queridos. Hijos míos, discúlpenme: hoy he dejado de creer en el fútbol.

6 comentarios

  1. Negro jueves 27, enero 2011 at 12:52

    Muy bien Elias, hiciste un poco de Justicia desde tus lineas, ya que seguramente el resto del periodismo en tu país con su silencio también fue complice de esta omisión.-

    • Elías Leonardo jueves 27, enero 2011 at 13:09

      Negro, bienvenido a estos lares. Mira que son escasas mis palabras para poder dimensionar lo que este par de hombres hicieron en favor de un México mejor. Bien dices, una gran parte del periodismo optó por la nota corta y netamente informativa, sin compromiso. Allá dirían que son medios oficialistas, acá son serviles. Claro, hay periodistas sumamente rescatables y admirables que van a la par de las injusticias y crisis que padecemos como sociedad. Un abrazo

  2. Cabañas (Lucio, no Salvador) jueves 27, enero 2011 at 18:59

    Elías, gracias por compartir este comentario con nosotros. Da alegría que en esta página de fút no se hable sólo de fútbol, chido por la negativa al encasillamiento y la especialización que tanto hace mierda. Un minuto de silencio, pero sólo un minuto, porque hay tanto que decir y gritar…
    Abrazo.

    • Elías Leonardo jueves 27, enero 2011 at 19:10

      Cabañas, el fútbol para nosotros no radica en la cancha muerta de los intereses y la economía del balón. Es para nosotros un deporte, un arte, un símbolo de identidad y unidad que nos hermana en sus diversas aristas; una de ellas la sociedad, a la cual pertenecemos y no podemos ni debemos estar ajenos. Bien dices: hay tanto que decir y gritar; hagámoslo con el lenguaje sin armas ni violencia, sin ignominias ni indiferencias. Un abrazo

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