El día que odiamos a Brasil

[pro-player] http://www.youtube.com/watch?v=SZ4OPlLl9mU [/pro-player]Era el último Mundial del siglo XX; la transición a un fútbol táctico y estatizado engendrado por la funesta prioridad del negocio en este deporte. No todo preveía una catástrofe, pues siempre está latente el arte de lo imprevisto, la picardía de algún jugador que deje de esconderse en los sistemas y rete con irreverencia y talento el orden impuesto.

En Francia 1998 se contempló el adiós del desorden africano. Selecciones del continente dejaron de ser sorpresivas, producto de su “profesionalización” basada en esquemas tácticos de rigurosa disciplina que impedía la improvisación sin ideas, desorden que anteriormente les daba resultados e impactaban (y gustaban) a los aficionados. Ahí están la Camerún del ’90, Nigeria del ’94 y sobre todo Marruecos del ’86.

Doce años después del Mundial en México, Marruecos se ganó de nueva cuenta las miradas y adeptos en tierras napoleónicas. Llegaron a la cita sin tácticas ni esquemas, pero sí con una estrategia del “háganle como puedan. Jueguen y diviértanse”; además traía consigo fútbol, acondicionado en las piernas y mentalidades de El Hadji, Hadda, Bassir, Naybet, entre otros.

Tras un blasfemo partido inaugural entre Brasil y Escocia, vino el debut de los marroquíes ante Noruega. La herida aún no cerraba en algunos mexicanos por aquella derrota sufrida ante los europeos en Estados Unidos y de inmediato cargaron su apoyo hacia los africanos, quizá por ternura, pues así como nos gusta inclinarnos por el más fuerte también lo hacemos con el más débil. Marruecos y Noruega terminaron empatados a dos, producto de un juego alegre, mágico e irreverente por parte de los africanos, quienes afortunadamente incitaron a los robóticos noruegos a salirse de su planteamiento inmóvil. Jugaron y dejaron jugar.

Después les tocó turno contra Brasil. Apostando al mismo desorden propusieron el partido, aunque se fueron goleados por tres a cero. Sin embargo, habían generado el despertar de la poesía brasileña. Por su parte, escoceses y noruegos empataban a uno.

En la última ronda de la primera fase, franceses y aficionados de otros lares manifestaban su apoyo a Marruecos, que debía ganar o ganar a Escocia y que Brasil ganara o empatara ante Noruega para calificar a octavos. Los casi 31 mil asistentes en las tribunas de Saint Etienne estallaron en júbilo al minuto 22: ¡¡¡gol de Bassir!!!, recibe en el área escocesa un pase largo, deja botar el balón y define de zurda. Mientras tanto, en Marsella, Brasil y Noruega conservaban el cero.

Los marroquíes querían más, era necesario asegurar la calificación. Iniciando el segundo tiempo, al minuto 46, Saint Etienne es un hervidero de gargantas felices: ¡¡¡gol de Hadda!!!, recibe pase largo, deja botar el balón, se acomoda el esférico con la cabeza y define de primera bombeando el balón al arquero. En tanto, la calma del cero a cero continuaba en Marsella.

Pese a tener amarrado el pase a la siguiente ronda en esos instantes, Marruecos no bajó la guardia y terminó por maniatar a los escoceses, que ya no veían cómo parar a los africanos; ni con patadas pudieron, por el contrario, terminaría con 10 por la expulsión de Burley. Con todo en su favor, a los jugadores marroquíes se les informaba al minuto 78 que Bebeto ponía al frente a Brasil. La gloria, y el premio al fútbol, estaba a 12 minutos. Pero…

…al minuto 83 en Marsella una torre empataba el marcador: Flo le ponía suspenso. Esta noticia caló hondo en Marruecos y al minuto 85 Hadda hace el tercero para la causa de su equipo. Saint Etienne arde después de ver el sombrerito y disparo del marroquí. Cinco minutos, cinco eternos minutos faltaban…

…y tres minutos después en Marsella acontecía lo inexplicable, lo inentendible; la suerte trágica que tiene el fútbol: se marca penalti a favor de Noruega. Quienes estábamos al pendiente de ambos juegos, pedíamos al cielo o lo que fuera que los europeos fallaran el disparo. Asimismo, el coraje fue tal que hubo críticas a Brasil: “vendidos”, “se están dejando ganar”, “es una infamia”. ¡¡¡Gol de Rekdal!!!; calló Marsella, se sepultó Saint Etienne.

Noruega estaba en la siguiente ronda, Marruecos se regresaba a casa. Un silencio atroz se apoderó de millones de aficionados; el equipo que se había ganado los corazones fue eliminado por la diosa fortuna, quien hizo su aparición de manera abrupta y grosera en Francia. La metáfora de este adiós, no sólo de Marruecos sino del irreverente fútbol africano, fue plasmada en la imagen del derrotado que sabe pasará a ser un elemento nostálgico, consciente de que faltará mucho tiempo para un resurgimiento: Hadji corre hacia un jugador escocés para intercambiar la playera; le entregaba la reliquia de la última batalla librada en el siglo XX y que dio como vencedor al infortunio; ingratitud inmaculada que también dignifica al fútbol en el arte de lo imprevisto. Tan imprevisto que ese día odiamos a Brasil: “vendidos”, “se están dejando ganar”, “es una infamia”.

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10 comentarios

  1. luistua viernes 4, febrero 2011 at 12:51

    de esos paises que sólo brillan en un mundial… si es que llegan a calificar a otro. Aunque no sea africano y no sé pero yo creo que vi a otro país pero la Arabia Saudita de 94 no se parece en nada a la que calificó a los mundiales siguientes…
    Excelente artículo, no recordaba esto de marruecos, igual recorradaba a Hadji pero borrosamente.

    • Elías Leonardo viernes 4, febrero 2011 at 12:56

      Luistua, esa Arabia que mencionas también entra dentro del acervo de la irreverencia, de ese bendito desconocimiento que pone en jaque a los rivales y maravilla a los aficionados; digamos que es un fútbol inocente, pero sin esquemas conservadores que ponderan el juego antes que el resultado. Un abrazo.

  2. Jorge lunes 7, febrero 2011 at 9:12

    Hola Elias
    Excelente artículo, no recordaba a Marruecos, para serte sincero ya estos últimos mundiales debido a la carga del bendito trabajo (gracias a Dios tengo mucho trabajo) solo veo partidos en fines de semana. Pero si, se agradecen estos equipos irreverentes, entre éstos los Africanos se pintaban sólos para eso de ofrecer espectáculo y no respetar las tácticas.Ahhh aquellos recuerdos inolvidables del gran Roger Milla. Y de Brasil, es el segundo equipo después de nuestro país, considero yo casi de todos los aficionados que acuden o ven los juegos del Mundial,excepto de los Argentinos, jajajaja. Retomando ese Brasil cada vez tiene menos aficionados no brasileños considero yo, por ser tan calculador y tan poquitero a la hora de ofrecer espectáculo.
    Saludos Elías

    • Elías Leonardo lunes 7, febrero 2011 at 12:29

      Jorge, afortunadamente tienes chamba. La irreverencia e improvisación siempre será gustosa en el fútbol; desafortunadamente se ha ido perdiendo por la estilización del juego, en muchos casos basada en férrea disciplina táctica y condicionamiento físico. Ese Marruecos del 98 era un deleite, pero Brasil (en inexplicable caso) perdió ante lor robóticos noruegos y los dejó fuera. ¡Qué cosas! Un abrazo

  3. Jairo Martínez martes 8, febrero 2011 at 1:27

    Me acuerdo como si fuera ayer… Lo peor de todo fue ver los rostros de los aficionados, que se enteraron del triunfo noruego después. Ya estaban festejando y ¡pum! Eliminados. Igual un equipo de buenos recuerdos.

  4. Alejandro CD' martes 8, febrero 2011 at 12:07

    Muy buen artículo! Me hiciste recordar ése día, y ésos sentimientos contra los brasileños y noruegos, perfectamente.
    El Marruecos del ’86 con Ezaki en la portería, nos hizo odiar a los alemanes (que después los odiaríamos más por eliminarnos en Monterrey).

    Esos equipos sorpresa son los que siempre alegran los Mundiales, los que nadie espera. No con el ánimo de comparar el juego «cero táctico», pero sí desde el punto de vista de esos equipos que roban corazones y dan sorpresas y sabor al fútbol de «siempre-ganan-los-mismos», me parece, pudieron ser Dinamarca y Bélgica del ’86, Bulgaria del ’94, Croacia del ’98, Turquía del ’02, y, tal vez Uruguay y Ghana del ’10.

    • Elías Leonardo martes 8, febrero 2011 at 12:16

      Alex, quizá habría que agregar a Senegal del 2002, el último sobreviviente del fútbol africano que tanto gustaba y causaba temor; por aquello de la velocidad, corpulencia nada tecnologizada y el desorden que poseían. Un abrazo

  5. Rabie lunes 14, marzo 2011 at 6:40

    Gran artículo! Muchas gracias!

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