La proeza egipcia

[pro-player] http://www.youtube.com/watch?v=dHPGqMhue90 [/pro-player]Se jugaba uno de los Mundiales más feos de la historia. Pero antes de saberlo a ciencia cierta, Biyik había dado la primera gran sorpresa y alegría al fútbol: con un resorte inmaculado derrumbaba a la campeona Argentina. Para los pequeños pamboleros Italia 90´ era la puerta para definir el destino de nuestra pasión y amor por este deporte. Al paso de los años, la memoria nos favorece y nos hace recordar pequeños grandes fragmentos de aquella época, donde injustamente arrumbamos en el olvido hazañas dignas de retomar.

Una de ellas tuvo lugar en Palermo el 12 de junio de 1990. Esa noche un equipo desconocido, vestido de verde y blanco, le jugó de tú a tú a la potencia holandesa de los Gullit, Rijkaard y Van Basten. Después de 56 años, los egipcios retornaban a una Copa del Mundo y lo hicieron para callar bocas, silenciar gargantas, con un fútbol atípico respecto a la percepción que existía sobre escuadras africanas. Técnicos, educados, nobles y con amplia fortaleza física, se presentaron para amargar las esperanzas depositadas en los tulipanes.

Se plantaron como unos guerreros, como hombres de batalla dispuestos a no ceder un instante ante el portentoso rival. No obsequiaron gotas de sudor en balde ni agacharon la mirada ante las jerarquías deportivas. Los nombres de sus oponentes no les significaba nada y con irreverencia les demostraron el arma de su poderío: humildad e inocencia para combatir con la frente en alto. Así lo hicieron.

En la banca holandesa, Beenhakker no daba crédito a lo que veía. Más que mostrarse preocupado por la incapacidad colectiva de su selección, denotaba una angustia por no poder controlar a los extraños, a esos africanos que sólo se conocían en las clases de Historia. Le rompieron los esquemas y llegaban por izquierda, centro y derecha. Tocaban, tiraban, centraban; siempre con el propósito de perforar la portería. El esfuerzo egipcio fue pagado a la mala con un gol en contra por parte de Kieft; Holanda respiraba.

Los egipcios se sintieron heridos, lastimados. El festejo de Kieft con sus compañeros fue la imagen que los transformó; dejaron atrás la humildad y la inocencia. Se convirtieron en unos auténticos bárbaros, capaces de poner en vergüenza a los holandeses. Afrontaron esa derrota momentánea con más toques, más llegadas. Lo mismo les daba perder por uno o por más goles, así que se fueron al frente, arreciaron a la defensa europea y sin importar dejar espacios se aventaron al arriesgue de matar o morir.

A siete minutos del final, el fútbol les gratificó su juego. Soriano Aldrés pitó penalti a favor de los africanos. Sereno y tranquilo, valiéndole la presión hacia su persona, El Ghani cobró la falta y empataba los cartones. Los aficionados egipcios que habían acudido al Stadio Della Favorita estallaban en júbilo; su apoyo fue dignificado con el festejo de sus hombres, que corrieron a esa zona de la cancha para rendirse ante los suyos.

Han pasado más de 20 años de aquella proeza egipcia y hoy los africanos nos orillan a sacar del baúl de los recuerdos un instante de gloria que no se compara con nada ante la hazaña que han logrado en la actualidad. Así como ante Holanda, los egipcios no necesitaron de armas ni violencia para darle un giro a la historia destituyendo mediante la vía pacífica a Mubarak. Como esa noche de Palermo, donde el fútbol nos regaló a un equipo unido, la lección que la sociedad civil egipcia ha dado al mundo hoy en día tampoco debe olvidarse; nunca.

4 comentarios

  1. Isaura L. Lunes 14, Febrero 2011 at 17:28

    Muy emotivo, gracias don Elías.

  2. luistua Sábado 5, Marzo 2011 at 0:10

    A veces es mejor no conocer a quienes enfrentas para no tener ese “respeto” y adulación” que podrían paralizarte. Bendita ignorancia de los egipcios. Y felicidades por acabar con una dictadura, sobretodo por el modo en que lo hicieron: Unidos.

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