Charla con Tomás Boy (Parte II)

Tomás Boy con ELBUENFÚTBOL (Parte II)Sinopsis del fútbol mexicano

Con sus años de edad a cuestas, Tomás retoma el tiempo vivido como jugador para detallar su rol de director técnico en la actualidad. Para él la brecha generacional entre futbolistas, entrenadores, medios y aficionados es drástica, principalmente en lo referente a la percepción del fútbol en la cancha. Sí, el fútbol ha evolucionado, pero en ese mismo crecimiento ha omitido algunos factores que orillan al retroceso en otros aspectos.

Creyente de que en el fútbol “nadie tiene la verdad” considera que también hay “verdades muy buenas”. Una consiste en que el fútbol le corresponde a los jugadores antes que a nadie: “Es de ellos. Primero parte de ellos el hecho de darle vida al balón. Sin eso no puede derivarse lo demás”. Con tristeza comenta que hoy en día es el propio futbolista quien se encarga de borrar la ilusión del juego, del rodar de la pelota y el canto del gol. “La lana es lo que les interesa. Se ha perdido ese deseo, ese instante de pisar una cancha, de patear un balón. Casi no existe. En mis tiempos era un sueño jugar para meter goles, jugar contra los grandes y ante todo divertirte”, subraya.

Y ese acto de diversión, agrega Boy, ha sido sustituido por la obligación de cumplir con la profesión, sostenida por el interés económico. Claro, hace excepciones. Sin generalizar del todo, enfatiza las desproporciones financieras que existen entre los clubes mexicanos al comentar la disparidad de capitales “entre América y Tigres respecto a Querétaro. ¿En dónde vas a querer jugar?, pues donde te paguen más”. Asimismo, valora casos específicos donde el futbolista demuestra el amor por lo que hace, aún a expensas de cobrar fuertes sumas y de vestir varias camisetas. “Cuauhtémoc (Blanco) es un tipo que podrá caerle bien o mal a la gente, pero es de los últimos grandes jugadores que hemos tenido. Es un jugador que por su origen y calidad de vida fortaleció el deseo de jugar. Además, su personalidad la demuestra en la cancha: es irreverente, atrevido, pícaro. Cuando retrasó su posición como un creativo, encontró su fútbol”, indica el Jefe.

Como director técnico vigente aborda las dificultades que tiene para poder trabajar bajo la encomienda de obtener resultados. La aplicación del sistema de torneos cortos vino a reducir las posibilidades de proyectos a largo plazo, apoyo a fuerzas básicas y juego en conjunto. Detrás de esta amalgama de situaciones hay otras que por mínimas que parezcan van formando una lápida que a la postre sólo conlleva al fracaso en el peor de los casos, o al resultadismo efectivo sin procurar el cómo en el mejor de los panoramas.

“Con los torneos cortos nos convertimos en un país de resultados, lo inmediato. Si como entrenador no ganas dos partidos ya no sirves. Además, con la consigna de obtener resultados a la de ya pues te obligas a contratar jugadores digamos ya hechos en lugar de apostar por debutar a chavos. No es mi caso, pero de cualquier forma pertenezco al fútbol mexicano y no puedo estar ajeno”, dice Tomás. Y añade: “Existen vicios en los jugadores, vicios de mentalidad. De repente me llega alguno al que le pides desborde por la banda para intentar centrar y te dice que no puede porque en su otro equipo o con su otro técnico eso no lo hacía”.

En este sentido se enfoca en un tema aún más delicado: el desconocimiento del fútbol. Uno de sus grandes pesares, y con alto grado de incredulidad, es el hecho de (re)educar y capacitar a algunos futbolistas, quienes llegan a un equipo sin siquiera saber a ciencia cierta cuál es su posición, sin tener idea alguna sobre esquemas tácticos y sin conocimiento alguno sobre lo que acontece en el fútbol mundial. Así lo detalla: “Tú estás aquí y sabes que dirijo a Morelia y fui jugador de Tigres. Tienes que tener idea y conocimiento para que podamos hablar adecuadamente y no caer en la obligación de una entrevista. Bueno, con jugadores pasa lo contrario. Valoras sus cualidades y le indicas que por su velocidad y drible me funciona como volante o extremo, pero de repente se queda callado y dice no saber qué es eso. Peor aún, le explicas citando el nombre de Cruyff o Maradona y ni idea tienen de quiénes les hablas”.

Aclara que dicha ignorancia no se debe tanto a que el jugador sea “tonto” o “huevón”, sino parte de las presiones a las que está sometido: familia, promotor, entrenador. Aunque también considera que hay poco interés por informarse con el fin de mejorar su calidad.

Periodismo y medios de comunicación

Internet y otras nuevas tecnologías han propiciado para bien el acceso a la información, pues es más rápida y más amplia. Sin embargo, la premura por informar deja de lado el fondo de saber lo que se está informando; las prisas por competir ha originado el descuido en contenidos. Así lo cree Boy, quien concibe al periodismo deportivo mexicano más crítico, más informado, pero en ocasiones poco comprometido a la hora de externar posicionamientos. “Hay más crítica ahora que en mis tiempos. Hay nuevos rostros, nuevas voces, pero que en el fútbol hablan de todo menos del sentido de este deporte. Durante mis años como jugador tenías a un Ángel Fernández, Gerardo Peña, Fernando Marcos, y muchos más, que no sólo tuvieron a bien en generar una nueva cultura mediática, sino también informativa. Podrían gustarnos o no pero explicaban el porqué un juego era malo o bueno; hoy no», externa.

No conforme, y después de saber acerca del tipo de textos que publicamos en este sitio, agrega algo más: «Ahora importa más el chisme, la estadística y la declaración ridícula. Esto es un reto para ustedes los chavos, pues tienen que lidiar contra un sistema de criticar por criticar o de alabar por alabar, no hay puntos medios. Y es en esos puntos donde debe abordarse el fútbol como lo que es: deporte, factor social y cultural”.

La afición

Los aficionados de antaño han sido relegados por el tiempo. O bien han fallecido o bien ya no encuentran el mismo estímulo que antes hallaban en futbolistas y equipos comprometidos con la causa de gustar, ganar y enaltecer un gran amor por la camiseta. En cambio, el aficionado actual preserva la pasión por el fútbol, aunque en una vertiente inequívoca que se desprende de los propios clubes y los medios de comunicación.

De acuerdo a Boy, el aficionado de hoy es leal siempre y cuando haya resultados, de lo contrario da la espalda y deja de apoyar; situación que justifica dadas las condiciones propiciadas por el entorno futbolístico. «¿Cómo puedes identificarte con un equipo que cada torneo cambia y cambia de jugadores y entrenadores? ¿Cómo puedes apoyar a un equipo que cada ocho días te ofrece un fútbol mezquino?”, se cuestiona.

Para concretar la diferencia entre los aficionados de antes y los de ahora, Tomás da el siguiente ejemplo: “En mis tiempos si un aficionado te veía en un bar o una disco armaba un escándalo y te acusaba o te retaba; primero estaba el equipo y la camiseta. Ahora si ves a un jugador en un antro vas y te tomas una foto con él”.

La despedida

Tras más de una hora de charla, Tomás Boy tenía que retirarse debido a que al día siguiente enfrentaba al América y había que «pulir algunas cuestiones tácticas». Nos levantamos de la mesa y compartimos frases chuscas y de cotorreo con lenguaje florido. Nos tomamos la fotografía del recuerdo y cuando se disponía a cruzar la puerta lo detuve un segundo para decirle que “se rompieron los estigmas. Me queda claro que no es usted un tipo colérico, enojón y mamón como se dice”.

“Ahhhggrrrr”, gritó levantando los brazos. “La gente dice que soy muy enojón y agresivo, pero no ¿verdad? Sí, reconozco que yo he ayudado a formarme esa imagen. Pero por mi edad, ya estoy viejito, no estoy como para armar pedos grandes y agarrarme a trancazos. Digo, no puedo ocultar mi personalidad, además ustedes ya me conocieron otra cara. Me gustó este pedo y me la pasé bien. Ahora sí me retiro porque mañana le vamos a ganar al América”, dijo al despedirse.

Y lo cumplió, le ganaron al América.

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