Que alguien en el cielo se acuerde de Central

De las ciudades argentinas, Rosario es la cuna de la jactancia. Dicen los rosarinos (con razón) que allí nacieron y se pasean las mujeres más lindas del país, que la lista de músicos es más extensa que una boleta electoral, que cuentan con el momento a la bandera y muchos otros que. Rosario tiene mucho, muchísimo, menos el clásico. El año pasado Central descendió a la B Nacional y Newell’s se quedó en Primera sin su enemigo íntimo. “Vamos a volver”; proclamaron los canallas. Y entonces se activó el operativo retorno: se quedaron los mejores futbolistas, se trajeron a otros mejores a los ya mejores, los dirigentes ordenaron las finanzas y pagaron, mientras los hinchas no dejaron de ser cada vez más hinchas.

Cuando juega de local, en el Gigante de Arroyito se congregan 40 mil canallas. Una guasada. Un canto a la jactancia del tipo “ acá estamos, somos más”, a pesar de andar a contramano de la historia del club. Pero resulta que no. Que Central, el inmenso, el equipo plagado de fanáticos y jugadores top no puede hacer pie ante rivales chiquitos, sin tantos pergaminos.

Hay que ver ese estadio. Cada sábado por medio, en Rosario se reza más que en cualquier iglesia. Y no hay caso. Por ahora, a Central no hay Dios que le tienda la mano para subirlo en la tabla de posiciones.

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