La foto de Scianna en Kami

Situación alarmante. El gobierno de Víctor Paz Estenssoro acababa de promulgar leyes que daban un giro radical a la realidad boliviana. Los oficialistas juraban y defendían que era necesario entrar a la modernidad, aplicar el neoliberalismo que dejara atrás esa hiperinflación maldita que comenzó justo en el año que Estenssoro tomó el poder, por cuarta vez en su vida. Fue, según referían sus acérrimos opositores, la peor decisión y uno de los momentos más grises de Bolivia. Se vinieron los despidos insensatos, los mil pretextos, afirmaban los rebeldes. La crisis del 88 y 89 estaba a flor de piel, a un paso de la nueva revuelta; la silla del viejo Víctor Paz se tambaleaba una vez más, como en sus gobiernos de los años cincuenta y sesenta.

Ojos internacionales calificados, descalificados, punzantes, amigos, convenencieros y solidarios, todos, voltearon a Bolivia. La vieron con ojos de denuncia, ojos de vender alarma, ojos de oportunidad. Cobertura al máximo: Estenssoro había anunciado pocas horas antes el despido (justificado según él, voraz según la oposición) de 23 mil trabajadores de la mina Kami, líder productora de estaño, al norte de la céntrica y prodigiosa provincia de Cochabamba.

Entonces llegaron los profesionales de fuera que se unieron a los nacionales. Cuentahistorias, infiltrados, chismosos, reporteros, camarógrafos, asistentes, editores, publicistas, investigadores, abogados y fotógrafos. La realidad golpeó a cada uno por vías diferentes pero con el mismo mazo seco, deteriorado, indignante, devastador, pero humano, alegre y vivo, al fin.

Para llegar a Kami, lejos de la toma de decisiones y cercano a la precisión gráfica y sentimental, se necesitaba (y se necesita) encomendarse a una fuerza divina o a cualquier creencia que impida el derrumbe vehícular en el traslado. Paisajes y horizontes majestuosos, naturaleza única. Carreteras milimétricas, rocas cayendo al son de las llantas y su constante fricción. Nubes que se tragaron para siempre el despertar de varios pueblos y montañas eternas, testigos todos de la imprudencia necesaria para sobrevivir.

Así llegó, maravillado, confuso y contrastado el experto en fotografía artística y de moda, Ferdinando Scianna. La reconocida y prestigiada agencia Magnum lo mandó a cubrir la noticia del momento (una de tantas) en América Latina. El italiano cumplió con su misión: relató a través de su lente los conflictos, la cotidianidad, la cruda pero a su vez tranquila vida de Kami.

Y mientras docenas de rollos (o tiras de películas) se escapaban entre seres humanos acabados y burlados por la autoridad democrática, de entre la plata-gelatina más viva y un disparo inesperado, Scianna, El Fotógrafo, observó a cinco niños corriendo tras una pelota, jugando fútbol sin zapatos al filo del precipicio, soñando con ser Maradona, Rossi o José Milton Maravilla Melgar.

6 comentarios

  1. luistua lunes 28, marzo 2011 at 10:36

    wow hermosa. Si no me equivoco hay más niñas jugando.

  2. Jairo Martínez lunes 28, marzo 2011 at 23:50

    ¡Qué foto caray! Y ahí está el balón rodando…

  3. isaura ele martes 29, marzo 2011 at 17:54

    Qué bella foto, gracias Emiliano. Saludos.

  4. alex jueves 23, junio 2011 at 12:32

    yo no conoci a ferdinando pero conosco kami un lugar tan hermoso que no existe lugar alguno que se compare

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