El corazón podrido

El corazón podridoEl tiempo crece cuando hay un partido en televisión, el que sea. Si el balón rueda, algo encuentras, sólo hay que tener los ojos bien abiertos.

La pantalla me puso enfrente el Necaxa-Guadalajara de esta noche. Si ustedes son de otro país, basta con saber que los primeros están en esa extraña situación por mantener la categoría, amenazados por esa preocupación que significa descender.

Futbolísticamente es la peor situación. Pero sigue siendo fútbol. Hoy, durante la transmisión, se escucharon las palabras “infierno”, “morir”, “sepultar”, “agonía” y otras por el estilo. El contexto futbolero puede excusar esos dichos, pero en un país donde la muerte aparece en cada árbol, en cada semáforo, en cada poste de luz, raya en lo infame etiquetar así el que un equipo sea el peor de una categoría y pierda el derecho a mantenerse en ella.

Esto es fútbol, y en ese mundo el dolor por no ser de los clubes de la máxima división será difícil de asimilar, pero este juego, motor de muchas ansiedades, siempre permite regresar, siempre permite competir. El país, en cambio, prácticamente abandonó esa posibilidad.

Un balón rueda tan fácil como puede retratar un día, un momento, un sentimiento. Hoy, en Aguascalientes, los seguidores rayos se despidieron del Victoria defraudados por el casi inevitable descenso. Algún insulto propagaron, algún reclamo gritaron y algún ademán inventaron. Inconformes a final de cuentas. Pero hay que tener los ojos más abiertos, el comandante del Grupo de Operaciones Rurales de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSPE), David Alba Ramírez, de 36 años, fue asesinado hace unos días para contarse como la víctima número 15 de la narcoviolencia en el estado en lo que va del año. No es la persona, no es el nombre, no es el puesto, sino la muerte como cifra de dolor.

“15 son pocos”, dirá algún descorazonado, pero hoy, ante la tragedia que vive México, que un equipo descienda no merece adjetivos tan cercanos a la sepultura y a la muerte, pues éstos, para tristeza del estado y del país, se mantienen todos los días a la espera de ser utilizados, incluso a unos metros de donde Guadalajara hoy ganó un partido de fútbol.

Javier Sicilia, poeta que hace apenas unas horas perdió a su hijo Juan Francisco en un multihomicidio a manos del crimen organizado, declaró en el programa de Aristegui una frase que podría definir muchos partidos y muchos sentimientos futboleros, pero que desgraciadamente describe a la perfección lo que a estas horas vive nuestro país: “El corazón de México está podrido”.

2 comentarios

  1. Jorge lunes 4, abril 2011 at 7:37

    Hola Jairo
    Así es, la situación en nuestro país es casi casi insoportable. Lo del Necaxa que es muy probable que descienda y pierda la categoría por segunda ocasión consecutiva; si se van los Rayos estoy seguro que algún día regresaran al máximo circuito y por que no, quizás algún día tengan oportunidad de tener un equipazo de la talla de aquellos Necaxas-Aguinaba, Basay, Cuchillo Herrera, Aspe, etc….EL FUT BOL SIEMPRE DA REVANCHAS. Nuestro México al parecer no se ve como vuelva a tener una segunda oportunidad, soy del Norte de Coahuila y acá hay una situación de violencia, de inseguridad, de enfrentamientos militares-narcos-sicarios por las calles provocando terror entre nosotros los civiles. Nada más por citarte un claro ejemplo: ayer domingo nos trasladamos de casa hacia un circo para revisar horarios y tarifas, en el auto ibamos mi esposa, yo y mis dos hijos; Arturo de 13 años y Jorge Enrique de dos, a la una cuadra de distancia del circo llegó un convoy de militares armados y encapuchados, es por demás mencionar que nos retiramos rápidamente por el temor a que se desatara un cruce de fuego o algo parecido….UNA TRISTEZA NUESTRO MEXICO CON EL CORAZON PODRIDO.
    Saludos Jairo

  2. Jairo Martínez lunes 4, abril 2011 at 23:31

    Y aún sigo pensando que no hay que vivir con miedo Jorge. Un país es personas, las cuales pueden decidir no seguir pudriéndose. Esa revancha está a la vuelta de la esquina, pero se necesita de todos. Gracias por darte la vuelta por acá y por compartir esa experiencia. Un abrazo.

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