Carrera contra la muerte

Quiso ganar la carrera, iba por ella y no la alcanzó. Lo rebasó la muerte y lo aguardó en una curva. Con la trampa de la lluvia se dirigió a su destino final sobre una carretera resbaladiza. Fallaron sus movimientos al volante y perdió el control, entregándose así a la morada donde todos hemos de llegar. Esto sucedió en Grecia.

Mientras tanto en Nigeria oraban por el descanso del fallecido. En un rincón del país africano se vio volar a un pajarillo y dicen que cantó a los sollozantes. Pero hay alguien que no ora ni reza, alguien que ha muerto en vida. En sus entrañas suplica despedirse de este mundo para encontrarse con el pajarillo en otro rumbo.

En Nigeria ha quedado inútil e inservible un vestido blanco. Huérfano de novia, el vestido ha cobrado textura de tragedia: derrumbó sueños e ilusiones; le arrancó la dicha a dos amantes: uno muerto y a otra la humilla dejándola viva. A la par, una playera del Skoda Xanthi queda arrumbada en un vestidor.

Esto no es una ficción, es un hecho real. Olubayo Adefemi perdió la vida en Kavala cuando se dirigía al aeropuerto de Salónica. Llevaba prisa por llegar a su país natal, Nigeria, donde se encontraría con su amada y terminarían de pulir los preparativos de su boda. Ademefi tenía 25 años y ayudó a que su equipo se salvara de descender. Cumplida una de sus metas, iba por otra. No llegó.

Seguramente la unión de ambos tendrá otra fecha, otro entorno y seguramente se habrán de reencontrar donde esto tenga que suceder. Adefemi, el hombre que quiso ganar la carrera y no la alcanzó.

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