Hay fotos que deben romperse

Fue en esa cañadaCasi nunca lo hace, ahora se obsequia un momento. Mi padre se acerca a platicar conmigo, más bien quiere que lo escuche. Me muestra un par de fotografías. En una de ellas aparece él de joven en compañía de otros dos hombres igual de jóvenes. Están abrazados y sonríen al lente de la cámara, presumen sus bigotes y cabello setentero. En la otra, lucen dos cuerpos descompuestos tirados sobre una superficie de tierra y piedras. Ambas en blanco y negro.

“Pasan los años y aún los recuerdo. En ese entonces jugábamos fútbol en La Romareda, cuando era llano, cuando no había ciudad. No dejo de culparme”, dice mi padre. ¿Culparse de qué? Se sienta junto a mí y dirige la mirada a un foco, se pierde. Comienza a contarme quiénes eran, qué hacían y por qué se culpa.

Eran amigos antes que cualquier cosa. Crecieron juntos en ese pueblo del norte y juntos fueron a la misma universidad. Los tres estudiaban Filosofía, carrera mal vista en esos ayeres. Era considerada un escape para los vagos y drogadictos; una alternativa para reclutar opositores al gobierno. Pero tenían otro punto en común, el fútbol. Antes que mítines, círculos de estudio o debates, así como juergas de charlas acompañadas de tragos, estaba el balón. Podían perderse una reunión más no un partido.

“Fue en 1971. Un 19 de mayo de 1971 para ser más exactos. Ese día leeríamos un discurso para pedir disminución de precios en cuotas escolares y exigiríamos que cesara la persecución de políticos y policías que nos creían militantes comunistas. Antes de ir al auditorio de la universidad fuimos a la cancha de La Romareda y…”, pausa mi padre su pena: un nudo en la garganta le detiene.

No deja pasar tres segundos y continúa. “…varios camiones llegaron a recoger a todos, ¡a todos! Ellos dos se quedaron de pie y decían que no se moverían, pues no debían nada y nada tenían que temer. De mí se apoderó el miedo y corrí como loco perdiéndome en una cañada, nuestra ruta más corta y rápida para volver al pueblo. Vi cómo los trepaban, ahí escondido entre las rocas. Fue la última vez que los vi”.

Después supo que helicópteros del gobierno estatal arrojaron los cuerpos envueltos en cobijas sobre un terreno baldío ubicado a 30 kilómetros de su pueblo. Fue en esa cañada, según él, donde dijo adiós a su juventud y de paso se despidió del fútbol.

Ahora entiendo el disgusto que le causa a mi padre que me guste tanto el fútbol. Creo que es momento de quemar esas fotografías.

12 comentarios

  1. necro jueves 19, mayo 2011 at 16:05

    wow, la verdad que es una historia tragica… quemarlas… no lo se, pienso que cualquier recuerdo, malo o bueno es una parte importante de nuestra historia personal y renunciar a este es renunciar a nuestro pasado.

  2. Fernando viernes 20, mayo 2011 at 6:23

    no manches, hasta se me puso la piel chinita mientras leia. A pesar de mi corta edad, me da mucha risa la gente que cree que hoy en dia hay censura y represion, es cierto, la situacion actual es una mierda, yo que soy musico lo veo cada dia, no hay apoyos, hay discriminacion hacia los artistas que de marihuanos no nos bajan y no porque tenga algo de malo la mois, simplemente “viene del diablo” (asi me lo dijeron alguna vez) y por eso esta mal; pobres imbeciles, la neta.
    Volviendo a la nota, fue una epoca muy negra en la historia de este pais comparable con las dictaduras latinoamericanas de esa epoca (Brasil, Argentina, etc.) y es triste que el pueblo no tenga memoria, que se dejen llevar por los medios de comunicacion que tanto daño nos hacen, que buscan idiotizar y no cultivar bajo la premisa de que “mmientras mas tonto el pueblo, mas vendemos” en lugar de subir la calidad de lo que hacen.
    Igualmente los politicos, ellos saben que necesita el pais pero estan tan ocupados jalando para ellos mismos que no hacen lo que deberian de hacer, aunque eso es otro tema y no quiero entrar en polemicas.
    Ya me extendi mucho, de verdad lamento mucho lo que le paso a tu padre, es horrible cuando se pierde a alguien cercano y peor de la manera en que sucedio. Saludos!

    • Elías Leonardo viernes 20, mayo 2011 at 20:54

      Fernando, un placer tenerte por este espacio; da gusto saber que un músico nos lee. Puedes estar tranquilo, a mí padre no le sucedió esto. Sin embargo, la historia cobra matices verídicos pues parte de anécdotas y experiencias reales que padecieron plumas importantes de este país. Por respeto a ellos, reservo el anonimato de sus nombres. Un abrazo

  3. Matias sábado 21, mayo 2011 at 11:38

    Lo bueno es que a pesar de toda la represión que hubo en aquellos tiempos (y que de alguna forma u otra vuelve a surgir por medio de la desinformación de parte de los medios hacia la ciudadanía) siempre habrá voces que nunca se callaran, allí, escondidos en sus trincheras seguirán lanzando bombas de razón para la educación de las masas y para dolor de los mequetrefes.

    saludos.

  4. franciss ortega lunes 23, mayo 2011 at 2:31

    Que trágico que tu mas grande pasión le haga recordar a tu padre algo que desea olvidar y ahí estas tu para recordarselo cada día de su vida; excelente mi querido Elias

  5. necro miércoles 25, mayo 2011 at 11:36

    Elias, retomando el comentario, soy de los que creen que cualquier situacion en nuestro pasado, por muy buena o muy mala son las que nos convirtieron en la persona que somos ahora, en otras palabras, nunca hay que renegar de nuestro pasado para no olvidar quienes somos y hacia donde vamos… Saludos!!

  6. ARMANDO OJEDA domingo 12, junio 2011 at 16:32

    LAMENTABLES HECHOS LOS ACONTECIDOS EN AQUELLA EPOCA DE NUESTRO MEXICO DEL ALMA, TRISTE..MUY TRISTE DE VERDAD,QUEESTO QUE NARRAS..NO SEA EL GUION DE UNA PELICULA..SUCEDIO REALMENTE.

    SABEMOS DE LAS ATROCIDADES QUE EL GOBIERNO MEXICANO LLEVO A CABO POR CAUSAS COMO LAS QUE COMENTAS,NI HABLAR..OJALA Y NUNCA,SE VUELVAN A REPETIR ESA CLASE DE SITUACIONES.

    SALUDOS BRO.

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