Los tiempos de “Vandersar”

Elías Leonardo
Por
Jueves 26, mayo 2011

Adios al holandesEran los tiempos en que nos peleábamos la posición de portero en la cáscara. Tales disputas se generaban por un detalle de poca importancia: ponernos los caros guantes en las manos. Pero el dueño de los mismos, aquel que había recibido tan costoso obsequio, no se desprendía de ellos y por unanimidad —elección basada por el sentido de posesión y pertenencia— se quedaba con el puesto.

Si nos llegaba a tocar ser portero, había que escoger el nombre que portaríamos. Así nos autonombrábamos Peter Schmeichel, Walter Zenga, Gianluca Pagliuca o Sergio Goycochea. Acudíamos a ellos sin un amplio sentido de conocimiento sobre su estilo, pues en esos años aprendimos del fútbol internacional gracias a estampas o tarjetas de colección; muy de vez en cuando por un desliz televisivo.

El portar sus nombres nos daba cierta categoría, superioridad engreída por encima de los rivales e incluso de los propios compañeros. Elegíamos portar sus nombres para disfrazar nuestro color de piel o condición social. Recuerdo al Paco cómo se enojaba cuando su padre le gritaba “prieto, ya vente a comer”. Paquito enardecía lleno de rabia y pena, su piel color carbón le avergonzaba y más se prendía cuando su padre lo exhibía ante nosotros con ese “prieto”. Como no estaba dispuesto a sufrir burlas en las canchas de tierra o asfalto, siempre elegía ser portero y llegó el día en que nos sorprendió a todos.

“Hoy soy Vandersar (sic). Ese cuate es alto, flaco y muy güero”, nos sentenció. Entendimos el mensaje y únicamente le reviramos “pero tú no eres tan alto”. Pues ahí va Paquito a comprarse un marcador y escribió en su suéter blanco y raído “Vandersar”. Las grandes letras negras enmarcaban su espalda a toda hora: jamás se quitaba la prenda; le hacía olvidar la humillación por su color de piel. Y surtió efecto, pues ya después su padre le gritaba “hijo, ya es tarde. Mañana le siguen, muchachos”.

Han pasado los años y aquel portero alto, flaco y muy güero está a un paso del retiro. Lo hace bajo una camiseta inglesa y no holandesa, tal como la que portaba cuando Paquito renegó de su identidad; la casaca de Ajax. Van der Sar dirá adiós en Wembley, ganando o perdiendo la Liga de Campeones, y lo hará como llegó: irrumpiendo ciclos en las nuevas generaciones de aficionados al fútbol.

No hace mucho me encontré a Paco en la calle y que se me olvida su pesar, entonces le grito “prieto”. Con una sonrisa tierna y nostálgica, esbozo labial que lo llevaba de viaje a nuestra infancia, me saludó, abrazó e invitó un cigarro. Caminamos juntos y me iba platicando que ya se casó, espera a su primer hijo y no soporta a su suegra. Ya no le pesa ni le ofende su color de piel. Es más, ya dice “Van der Sar”.


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