Al Bangura, el sierraleonés

[pro-player]http://www.youtube.com/watch?v=zFViQYoFFAI[/pro-player]Seguramente uno de los peores países para vivir en la década de los 90’s era Sierra Leona. Mucho más difícil si te encontrabas en plena infancia.

El 30 de abril de 1992, el capitán Valentine Strasser dio un golpe militar en aquel país y se hizo del poder. Al poco tiempo, fue evidente su inclinación hacia la etnia Mende sobre otros grupos para los puestos de gobierno y militares. Y entonces recrudeció una guerra civil, que si bien venía desde 1991, tomó dimensiones verdaderamente trágicas: rebeliones, más golpes de estado, regímenes militares, guerrillas, división irreconciliable entre grupos étnicos y muerte. Para ponerle número, 15 mil muertos en sólo seis años. Y otro saldo peor: 2 millones -la mitad de la población- desplazados de sus hogares para huir de las revueltas, muchos de ellos, incluso a países vecinos.

En ese contexto nació y creció Alhassan Bangura, capitalino de Freetown llegado al mundo en 1988. Niñez en plena guerra, pues. Pero si eso no era suficiente, el destino lo hizo hijo de uno de los principales dirigentes de la Sociedad Secreta Poro, un grupo tipo secta, anti-inglesa, violenta por supuesto, fundada casi un siglo atrás, la cual acostumbraba mutilar y torturar a sus miembros en rituales de distintos tipos. Además, claro, tenían intenciones y participación política en distintos niveles. Su padre fue asesinado en 1992.

Así que las opciones para Al Bangura -como lo conocían- así como para cualquier otro niño y joven sierraleonés no eran muchas. De hecho, eran tres: ser secuestrado, drogado o torturado por alguna de las tribus en batalla, ya que así reclutaban chamacos por todo el territorio. De sobrevivir, la recompensa era unirse a su bando captor e ir a la guerra, lo que prácticamente garantizaba la muerte.

Mientras vivía con su madre y hermanas, Bangura tenía pocas distracciones además de oír balazos y escapar de ellos: Jugar al fútbol, a veces en su natal Freetown, y otras tantas en Guinea, a donde solían huir de vez en cuando.

Pero en 2003, ya de regreso en su ciudad, que vivía tiempos más estables desde que terminó la guerra un año antes tras la intervención de Naciones Unidas, un grupo de la Sociedad Secreta Poro tocó su puerta para exigirle ocupar el puesto que su padre había dejado. Era eso o morir. Y optó por una tercera, abandonar todo, familia incluida. Se fugó a Guinea.

Allá fue en busca de un sujeto francés, a quien conocía de escapes anteriores y que finalmente le ayudó a viajar, primero a Francia y luego a Inglaterra. Sobre aquel sujeto hay dos versiones, las dos creíbles y, por qué no, también reales. Algunas referencias dicen que aquel francés cuarentón llamado Pierre lo conoció jugando al fútbol y tuvo intenciones de probarlo en Europa; otras, más crudas, apuntan a que lo ayudó a salir de África, sí, pero para ser explotado sexualmente en los inframundos franceses e ingleses. Lo cierto es que una vez en el viejo continente, Al Bangura pidió asilo, como refugiado, en alguna oficina de migración en Londres.

Con sólo 15 años lo canalizaron a un albergue, donde comenzó a construir otra vida. Ahí conoció otros jóvenes africanos, con los que tenía, fundamentalmente, el fútbol como lenguaje habitual. Y entonces sí, en uno de muchos partidos, fue visto por algún cazatalentos del Watford. Historia rápida, firmó contrato semiprofesional con el club, y su estancia legal-laboral en Inglaterra no tenía mayores complicaciones por ser menor de edad. Había comenzado su carrera de futbolista.

A los 16 debutó con el primer equipo de Watford, entonces en la Premiership, sustituyendo a Gavin Mahon. Pero no fue un partido cualquiera. Eran las últimas jornadas, visitaban a Stoke City y tenían urgencia para evitar el descenso. Finalmente lograron el 0-1 a favor y los tres puntos significaron mantener la categoría.

Un año después, tras una campaña espectacular, Watford terminó en tercer lugar y clasificó a los playoffs en busca de un lugar en la Premier. Y lo consiguió. Primero enfrentó y venció a Crystal Palace; después, en el estadio Millenium de Cardiff, dio cuenta de un Leeds que parecía invencible. Al -así conocido por todos- jugó 38 partidos, hizo un gol y fue elegido por los aficionados el mejor jugador joven del club.

Al Bangura, el sierraleonésLa 2006-07, ya en Premier League, no resultó tan mágica. Perdieron la categoría y Bangura participó sólo en 16 partidos. La buena noticia, sin embargo, era que había renovado su contrato para seguir con el club amarillo en segunda división.

Pero en noviembre del 2007 recibió otra mala noticia. Ya como mayor de edad, había perdido su estatus de refugiado. Su contrato de trabajo provisional lo pudo haber sacado del apuro, pero las estrictas reglas inglesas para aceptar extranjeros en sus ligas tampoco lo favorecían. Sierra Leona no estaba entre los primeros 70 países del ranking FIFA y el joven jugador jamás había siquiera vestido la camiseta de su país. Es decir, su contrato resultaba inválido y las autoridades británicas ya planeaban su extradición, o en otras palabras, su condena de muerte. Si a esta complicada historia le quieren agregar otro detalle, Al se había estrenado como padre dos meses atrás.

Muchos comenzaron a movilizarse para evitar la decisión. Dirigentes, cuerpo técnico y aficionados del Watford, así como representantes de la FIFPro (Federación Internacional de Futbolistas Profesionales) y hasta el mismísimo Elton John (presidente honorario del club) apelaron la decisión. La protesta máxima se dio el 15 de mayo de 2007, cuando en su visita a la cancha de Plymouth, los aficionados de ambos equipos levantaron fotografías del jugador con la leyenda: “He’s family”…

Cuatro días después, la Oficina de Migración decidió que permitiría que Bangura aplicara para un trabajo dentro del Reino Unido, al mismo tiempo que aceptó su recurso para no ser deportado. Lamentablemente para él, mientras el caso seguía su curso, el fútbol tendría que esperar.

Poco menos de un mes después, el 14 de enero de 2008, Al Bangura ganó la apelación y obtuvo permiso para trabajar. En la conferencia de prensa posterior a la decisión, declaró: “Si regresaba a Sierra Leona no era el final de mi carrera, sino de mi vida. Esto cambia por completo mi vida, y ahora podré concentrarme más en el fútbol”.

A las pocas semanas pudo regresar a su querido Watford, del cual se despediría a principios del 2009, cuando firmó con el Brighton & Hove Albion F.C. de la League One. Para la 2009-10 firmaría con Blackpool en la Championship, y con eso se despediría, al menos hasta ahora, del fútbol inglés. La temporada recién concluida la pasó con el Mersin İY de la TFF First League, es decir, la segunda categoría de Turquía, y recientemente se supo que firmó con el Qabala FC de la Liga Premier de Azerbaiyán, por cierto dirigido por el inglés Tony Adams.

Si lo están pensando, efectivamente queda la impresión de que la carrera de Al va perdiendo fuerza. Quién sabe, tal vez el fútbol no tenga reservados grandes reflectores futuros para Alhassan Bangura, el sierraleonés. Lo cierto es que ya le ofreció, y no es poca cosa, el regalo de la vida… Ni más ni menos.

4 comentarios

  1. Jorge viernes 10, junio 2011 at 9:16

    Hola Jairo
    Relato conmovedor, la verdad no conocía la historia de Bangura pero es increíble como el fútbol aparte de ser el deporte espectáculo más bonito del mundo nos regala lecciones de vida como éstas. Que viva la vida, Que viva el Fut
    Saludos Jairo

  2. Jairo Martínez viernes 10, junio 2011 at 9:20

    Gracias por comentar Jorge. Efectivamente, como dices, una lección. Saludos igual!

  3. Geo viernes 10, junio 2011 at 9:34

    Que buen articulo , lo deberian poner en futbolsapiens

  4. Jairo Martínez sábado 11, junio 2011 at 15:11

    Gracias Geo. Este es el lugar original de todos aquellos textos que se han reproducido allá, y por lo tanto, el correcto. Un saludo y muchas gracias por comentar!

Your email address will not be published. Required fields are marked *