El regalo del que regaló todo

El adiós de Palermo en La BomboneraA contramano de su destino repleto de momentos épicos, Palermo se despidió de la Bombonera sin hacer goles; paradoja, burla de Dios, estadío contranatura para el goleador histórico de Boca.

La cancha es un inferno que devoraba los minutos con la ansiedad propia del que quiere que ocurra lo obvio. La sensación es que hasta los rivales -los futbolistas de Banfield- quieren que Palermo haga gritar a todos. El nueve lo intenta de las maneras posibles, ya no está para las proezas más grandes. Pero va con el ímpetu de un chico que debuta a buscar un pase de Riquelme, su socio, asistidor, el que mejor lo entiende. Otra paradoja: el diez es su enemigo público más evidente y, a la vez, más silencioso. Román nunca dice lo que piensa sobre Palermo. O peor, oraliza lo contrario a sus creencias. Sin embargo Riquelme lo pone de cara al gol; Palermo falla. No es su noche. Los mil goles -en rigor, 227-, su magia, los momentos inolvidables se niegan a repetirse un poquito contra Banfield. Martín insiste con una chilena, un despropósito para alguien que ya tiene 37 años, que ya anunció su retiro. El goleador se debe a su público. Ya no es por él, se nota. Palermo quiere que todos tengan lo que quieren tener: su gol. Y patea, y busca, y cabecea, y arremete contra el rebote. No hay caso. ¿Será que no será hoy? Su noche, su despedida de la Bombonera, su casa, es con la boca cerrada. Palermo no grita. No puede, no pudo. Es la ley seca de un delantero que demolió récords con una fuerza descomunal. El optimismo del gol es él.

Al final, lo hacen hablar, porque tiene que decir. Es su fiesta, su despedida. Palermo llora como un chico, con la ingenuidad de un debutante. Sin embargo, se va. Deja la Bombonera, de eso se trata el partido; de su última función.

Lo invitan a que se acerque contra la tribuna donde manda La 12 y va. Le prometen un regalo, “el” regalo. Palermo no sabe. Está frente al arco y no sabe qué hacer. Una paradoja, otra. Y de pronto pasa que lo simbólico es material, y viceversa. Se arranca el arco, con máquinas, y se lo dan. Literal, a Palermo le dan el arco; su arco; el arco del triunfo. Ahí, con él, se lleva todos los goles. Los goles que siempre les regaló a los otros.

8 comentarios

  1. Marinno RL miércoles 15, junio 2011 at 23:10

    Sean o no materiales los símbolos, al final tienen ese significado que nosotros mismos le damos… FELICIDADES A PALERMO!!!

  2. Marcelo Rodríguez miércoles 15, junio 2011 at 23:15

    Marinno, incluso Palermo ya sabe dónde va a ubicar ese regalo. Dentro de poco inaugurará un centro deportivo y el arco será la puerta de de ingreso al lugar.

    Saludos

  3. M. Damián. jueves 16, junio 2011 at 0:14

    Luego del partido, el homenaje y las portadas de prensa, corrí a ver si ya había escrito Marcelo sobre Palermo. Que bueno que ya, jeje. Doscientos y tantos saben a poco, parecieron 700. Lástima que no haya marcado esa noche, sin embargo marcó en el mundial y aquello fue mágico. Hasta pronto güero.

  4. Marcelo Rodríguez jueves 16, junio 2011 at 7:57

    M. Damián, se agradece tanto fidelidad.
    Es cierto, Palermo no marcó en su despedida de la Bombonera, pero le sobran momentos épicos para su galería de fotos.

    Saludos

  5. Martín viernes 17, junio 2011 at 11:33

    Muy bueno el blog, te dejo el mio

    http://calcioitalianoradio.blogspot.com/

    Nos leemos, saludos.

  6. i ele viernes 17, junio 2011 at 14:41

    Qué linda crónica, gracias Marcelo.

    Saludos

  7. Marcelo Rodríguez viernes 17, junio 2011 at 14:52

    Martín, nos estamos leyendo, cómo no.

    Saludos

  8. Marcelo Rodríguez viernes 17, junio 2011 at 14:53

    i ele, gracias a vos por leer y comentar.

    Saludos

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