Historias del barrio

Historias del barrioSe cumplen 30 años sin el “Pedestal”. Este año se conmemora otro aniversario luctuoso de Arnulfo Garrido. Toda una leyenda en el barrio, Arnulfo era el ídolo del Atlético Tlalpan. Fue el primero y el único en estar cerca de la primera división, pero las balas se encargaron de impedírselo.

Su nombre sigue escuchándose en el barrio. En ocasiones se pronuncia con voz entrecortada, pues a los viejos aún les duele su tragedia. “Era un jugadorazo. Lástima que era muy torpe para confiar en la gente”, dice Don Pepe, el barrendero. Don Lucho, eterno dueño de la única farmacia sin clientela, lo recuerda como “un tipo que pensaba en la cancha, pero fuera de ella el cerebro no le servía”.

El “Pedestal” estaba en la cúspide del Atlético. Logró la hazaña de meter 52 goles en una temporada y eso le valió ser visto por equipos de primera. Se arregló con un club capitalino para formar parte de sus suplentes; las fuerzas básicas no eran para él. A una semana de presentarse con su nuevo equipo, el barrio le organizó una fiesta para agradecer todo lo hecho con el Atlético y para desearle suerte en su futura aventura. En esa misma fiesta firmó su sentencia de muerte.

Uno de sus mejores amigos era el “Monstro”, un tipo que no tenía nada de futbolista y si de paria. Conocido por su alcoholismo, drogadicción y vida delincuencial, el “Monstro” creció con Arnulfo desde que se conocieron en la primaria. En la fiesta le propuso ir a celebrar a Puerto Vallarta.

Al día siguiente partieron supuestamente a Puerto Vallarta en el coche del “Monstro”. El auto nunca pasó por Puerto Vallarta y terminó en Tamaulipas con dos cadáveres. Toda la estructura del vehículo fue destruida por balas. En los periódicos se publicó una nota sobre la muerte de dos narcotraficantes a manos de federales. El texto especifica que las víctimas habían iniciado el fuego cruzado al impedir una inspección de rutina.

En las llantas del carro se encontraron paquetes de marihuana y cocaína. Investigaciones posteriores señalaron que el “Monstro” era un narcomenudista de bajo perfil, encargado de transportar estupefacientes a la frontera del país. Asimismo, un informe policial especificó que el acompañante del conductor estaba desarmado y en ningún momento atentó contra los federales. Arnulfo, el “Pedestal”, falleció a consecuencia de 20 impactos de bala y contaba con 15 años de edad.

Años después, Lucy, hermana de Arnulfo, platicó lo que pasó horas después de la fiesta. “Mi hermano llegó feliz porque se iba ir a Puerto Vallarta. Preparó una maleta como si fuera a irse de vacaciones por un mes. Nos dijo que el Monstro lo había invitado y que le pagaría todo. Pero nos dijo que primero pasarían a Tamaulipas porque el Monstro quería ver a un querer. Mi hermano, que todo creía, pensó que eso era verdad. Siempre le dijimos que el Monstro no era buena compañía, pero Arnulfo lo defendía y decía que era buena persona, que todo lo que se hablaba sobre él era mentira. Se despidió diciéndonos que llegaría muy quemado por el sol”.

Han pasado 30 años y lo único que queda del Atlético Tlalpan son historias. Arnulfo “el Pedestal” Garrido es una de ellas.

2 comentarios

  1. Allan martes 5, julio 2011 at 11:02

    Elías,

    En algún lugar leí o escuché que en una entrevista le preguntaron a Joaquín Sabina si todo lo que cantaba cosas que le habían pasado a lo largo de su vida. Respondió que no, porque si todo lo que canta fueran cosas que ha vivido, pues seguramente ya estaría muerto.

    Bueno, quizá tenga poco o mucho que ver, pero eres un gran narrador de historias. Y te quiero contar algo. Hace poco me encontré con un libro que se llama “Cuentos de fútbol”, es un compilado con prólogo del filósofo Valdano. Hay cuentos buenos y malos, entre los buenos está el del ficticio Benja Ferrés y entre los muy malos está uno de debate de letras. ¿Lo has leído?

    • Elías Leonardo viernes 8, julio 2011 at 13:54

      Allan, buena referencia a Sabina y sí tiene que ver, pues como él dice, de vivirlas ya estaría muerto. Mucho parte de que abramos los sentidos y prestarnos a percibir. Gracias por el halago. Dichos textos que citas los he leído y yo te sugiero leer “La vida es un balón redondo”, de Vladimir Dimitrijevic. Un abrazo

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