Del triunfo uruguayo

El planeta gira y nuestras vidas cambian a cada momento, todo se modifica, pero finalmente partimos de lo mismo, de nuestra esencia, lo que nos construye e identifica. Hoy vi por segunda vez coronarse a Uruguay como el mejor del continente. El reclamo y la recuperación de la gloria. Lo vi más consciente que once años atrás. Lo sentí más cerca, lo viví de lleno y me emocioné también.

Mucho tiempo, pese a la Copa América del ’95 que levantó Francescoli, me acompañó la idea de la Celeste estancada, de los borrosos campeonatos mundiales y del cráter en donde había caído su fútbol. Pero sabía también de las fases, de lo circular de la historia y sus altibajos. Del juego catalogado para la eternidad como garra. De hecho en las pláticas futboleras siempre hubo quien se preocupaba por el estancamiento uruguayo y que poco entendía de sus títulos, que hasta criticaba su función dentro del fútbol moderno. Incluso charlando con Jairo lo confirmé, pues uno de sus amigos, preocupado, mantenía la ilusión de investigar a profundidad la situación raquítica charrúa.

Pero no. Resulta que siempre estuvieron ahí, a la espera del momento oportuno, la situación propicia. Aguardando una camada que entendiera para qué jugaba, para quién lo hacía, qué y a quién representaba. Así lo diseñó el Maestro Tabárez, quien volvió a poner el mapa a la Celeste, con firmeza -no como lo espontáneo del fin de siglo pasado-. Y lo ha hecho de la manera más sencilla, más humana, más real.

Desmitificar al mundo, olvidarse de los prejuicios y regresar a las bases, ser y dejar ser, vivir. Si voy a estornudar, me suelto. Si voy a entrenar, lo hago y bien y punto. Si el compromiso es con mi país, lo acepto, lo siento, lo cumplo. Si tengo que jugar al futbol, lo juego, no lo practico, sino que me divierto, lo disfruto. No hay excusas porque no existen, no hay pretextos porque tampoco existen. Lo que está en frente es lo que es: hay que tocar el balón, darle sentido, respetarse a uno mismo, al compañero, al contrario y anotar, claro. Y por supuesto, hay que potenciar las aptitudes y contar con el de al lado que también cuenta conmigo.

El poema de la victoria uruguaya, desde hace cinco años y específicamente durante el Mundial pasado y con la confirmación de ahora, se aferra al giro de la historia circular. Ilusiona volver a las bases, recuperar la esencia y esperanza a lo que viene. Uruguay, la pequeña república sudamericana de los 3 millones de habitantes, hoy voltea a un lado y nada y al otro y nada también. Es un ejemplar único, que se respeta a sí mismo, que se sabe grande y que entiende lo que posee entre manos; la copa construida con base en la pureza de su fútbol.

3 comentarios

  1. Marinno RL lunes 25, julio 2011 at 0:23

    Todo está en volver a las bases, a los orígenes…

  2. Maxchiva martes 26, julio 2011 at 12:20

    Exacto, el fútbol es un juego y hay que verlo como tal, no con complejos esquemas tácticos que si bien sirven para organizar, no es bueno que sean tan restrictivos con los jugadores… Uruguay mostró una organización básica y en funciones a las cualidades de los futbolistas, lo que creo benefició a que obtuvieran la copa.

  3. Emiliano Castro Sáenz viernes 29, julio 2011 at 20:43

    Totalmente de acuerdo Marinno y Maxchiva. El deporte es deporte, pero se les olvida a aquéllos que se benefician de él, a expensas de su espectáculo. Tabárez es un clásico y por eso se respeta.
    Saludos!

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